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Humor

Gracias por nada: el retorcido arte del sarcasmo

El sarcasmo es una herramienta social que denota inteligencia, pero corre el riesgo de ser malinterpretada.

Los puntos clave

  • El sarcasmo evolucionó como una forma compleja de señalización social y agilidad mental.
  • Puede conectar a las personas o romper la confianza, según el contexto y la forma de expresarse.
  • El sarcasmo es más difícil de interpretar en la comunicación digital y en entornos interculturales.

El sarcasmo es raro, pero lo usamos constantemente. Un segundo es divertidísimo, al siguiente es duro. Es la mirada de desaprobación tras un “buen trabajo”, la sonrisa burlona tras un “qué idea tan brillante”. De alguna manera, decir lo contrario de lo que queremos decir a menudo agudiza aún más nuestro punto. Es una parte tan normal de la conversación que uno pensaría que ya lo tendríamos claro. Pero incluso los expertos siguen debatiendo qué motiva el sarcasmo. ¿Por qué lo usamos? ¿Y por qué impacta tanto ya sea para hacer reír a alguien o para callarlo?

La ciencia de decir lo contrario

El sarcasmo es una forma de ironía verbal, que suele usarse para burlarse o expresar desprecio. Lo que distingue al sarcasmo de la simple ironía es su tono, intención y contexto (Gibbs y Colston, 2007). El sarcasmo suele ir acompañado de una cara seria, una voz monótona y la justa exageración para que se note que quien lo dice no habla en serio. Pero captar esa vibra no siempre es fácil. Hay que captar lo tácito, el tono, el ritmo, la mirada que dice: “En realidad no lo digo en serio”. Se trata menos de las palabras y más de cómo se dicen. Por eso, los niños no suelen comprender el sarcasmo hasta los 5 o 6 años (Filippova y Astington, 2008), y por eso las personas con autismo suelen tener dificultades con él. Sin embargo, la verdadera pregunta es: ¿Por qué lo hacemos?

Un arma evolutiva

Desde una perspectiva evolutiva, el sarcasmo puede parecer una pérdida de tiempo. Es ineficiente y ambiguo, dos cosas que la selección natural tiende a eliminar. Sin embargo, eso es precisamente lo que lo hace interesante.

Una teoría sostiene que el sarcasmo evolucionó como una forma de señalización social. Detectar y utilizar el sarcasmo requiere una mentalización avanzada, o “teoría de la mente”, la capacidad de inferir lo que piensa otra persona (Happé, 1993). Esta habilidad cognitiva es vital en grupos sociales complejos. Si puedes comprender el sarcasmo, demuestras que eres socialmente consciente e inteligente, y si puedes manejarlo, aún mejor.

En términos evolutivos, el sarcasmo podría haber ayudado a los humanos a desenvolverse en dinámicas de grupo con mayor eficacia. En lugar de confrontación, el sarcasmo permite expresar críticas con una negación plausible. Decir “bien hecho”, poniendo los ojos en blanco, permite criticar a alguien sin una agresión directa. También puede reforzar las normas del grupo, establecer estatus o poner a prueba los límites sociales de una manera que parezca menos hostil a primera vista.

¿Pegamento o arma social?

El sarcasmo se mueve en una delgada línea entre el humor y la hostilidad. Bien usado, construye vínculos. Mal usado, destruye puentes. Los psicólogos Pexman y Glenwright (2007) han demostrado que el sarcasmo puede mejorar las relaciones entre hijos y amigos, actuando como una especie de “fuego amigo” que fortalece los lazos sociales. En esos casos, el sarcasmo sirve como señal de confianza. Asumes que la otra persona sabe que estás bromeando.

Sin embargo, cuando la relación no es sólida, el sarcasmo puede ser fácilmente contraproducente. Dado que a menudo contiene algo de verdad, los comentarios sarcásticos se recuerdan durante más tiempo y se toman de forma más personal que los literales (Colston y Lee, 2004). Es humor con un toque mordaz. Y no todos aprecian ese toque.

El contexto cultural también importa. En algunas culturas, como las de Oriente Medio o Asia, el sarcasmo es menos común o incluso está mal visto. En otras, como el Reino Unido o el noreste de Estados Unidos, es prácticamente una segunda lengua. La aceptabilidad social del sarcasmo varía mucho, y malinterpretarlo puede dar lugar a momentos incómodos, incluso ofensivos.

El sarcasmo en la era digital

El sarcasmo se vuelve aún más complejo en línea. Sin tono, expresiones faciales ni lenguaje corporal, la comunicación digital elimina muchas de las pistas que utilizamos para detectarlo. Por eso, se empezaron a usar marcadores de sarcasmo, como “/s” o emojis, para evitar malas interpretaciones. Sin embargo, incluso en esos casos, el sarcasmo a menudo puede pasar desapercibido o malinterpretarse, especialmente en entornos con mucho texto como el correo electrónico o los foros.

La inteligencia artificial también tiene dificultades con el sarcasmo. Los modelos de lenguaje y las herramientas de análisis de sentimientos a menudo no detectan la intención sarcástica, lo que pone de manifiesto la complejidad de esta forma de comunicación.

El costo de la astucia

El sarcasmo puede ser agudo, ingenioso e incluso una señal de rapidez mental, pero tiene sus desventajas. Cuando se convierte en la forma de comunicación habitual de alguien, puede parecer amargo o reservado. El sarcasmo constante puede ser un mecanismo de defensa, una forma de desahogar la frustración o de lanzar un golpe sin sincerarse. Con el tiempo, ese tipo de muro distancia a las personas y socava la confianza.

En el ámbito laboral, la situación se complica aún más. Los comentarios sarcásticos de un jefe o líder de equipo pueden generar confusión y minar la moral. Lo que parece una broma puede acabar en un juicio. Y si las personas empiezan a sentir que no pueden creer en las palabras de su líder, la confianza y la credibilidad se ven afectadas (Gibbs, 2000).

Reflexiones finales

El sarcasmo es un arma de doble filo. Puede ser ingenioso, catártico y conectivo, o confuso, cruel y corrosivo. Como toda herramienta afilada, debe usarse con cuidado. Porque, al final, cuando alguien dice “gracias por nada”, puede que esté bromeando o que lo diga en serio.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
Sam Goldstein Ph.D.

El Dr. Sam Goldstein, es profesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah y coautor de Tenacity in Children.

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