Pena
¿Cuándo es bueno reírte de ti?
Un desliz social no tiene por qué perjudicar tu reputación si lo manejas correctamente.
24 de marzo de 2026 Revisado por Devon Frye
Los puntos clave
- Es difícil saber si reírse de uno mismo tras un desliz social, disimularlo o mostrar la vergüenza.
- Un nuevo conjunto de estudios revela cuándo la risa puede ser el mejor remedio para una situación incómoda.
- Cometer un error en público no tiene que dañar tu reputación, siempre y cuando sepas controlar tus emociones.
Imagínate esto: Rebeca entró a un restaurante y saludó a sus amigos que ya estaban sentados. Para su desgracia, tropezó con una silla al acercarse a ellos, y apenas logró evitar caer al suelo.
Tropezar, derramar la comida y llamar a alguien por el nombre equivocado son formas clásicas de pasar vergüenza. Si fueras Rebeca, ¿qué harías? ¿Fingirías que no pasó, te sonrojarías o harías una broma sobre tu torpeza?
Los beneficios de reírse de uno mismo
Según Selin Goksel y sus colegas de la Universidad Libre de Ámsterdam (2026), en lugar de simplemente expresar tu vergüenza o ignorar lo obvio, reírte de ti mismo después de cometer una metedura de pata debería ser tu mejor opción.
Hay dos razones para esto. La primera es que reconoces que tu comportamiento violó las normas sociales, en este caso, mantener la compostura. La segunda opción es aceptar que la infracción es inofensiva, es decir, que nadie resultó herido.
Todo esto está bien si nadie sale herido (aparte de ti). ¿Qué pasaría si Rebeeca, al casi caerse, de alguna manera volcara una copa de vino sobre la mesa? El vino se derramaría por todas partes, arruinando el impecable vestido blanco de la mujer sentada a la mesa. Ya no sería tan gracioso, ¿verdad?
Traduciendo este problema a términos más académicos, Goksel et al. señalan que “las teorías de la desviación afectiva argumentan que la reputación se ve afectada cuando la valencia de la expresión emocional de una persona no coincide con la valencia de sus acciones” (p. 2). Esto significa simplemente que la gente te guardará rencor si tu expresión externa (humor) entra en conflicto con el daño causado por tus acciones. Reírse implica que no te importa el resultado de tu percance.
Hay una ventaja oculta en un desliz que quizás no percibas (de nuevo, suponiendo que nadie resulte herido). A la gente le disgusta pasar vergüenza, por razones obvias. Pero si haces algo vergonzoso y lo admites, en realidad fortaleces tu relación con quienes lo presencian.
En lugar de temer que la gente te juzgue negativamente si compartes tus debilidades, considera que incluso podrían apreciarte más. La única condición es que, en una situación verdaderamente inofensiva, donde nadie sale perjudicado, la diversión es una reacción emocionalmente más equilibrada, porque demuestra que no te tomas las cosas demasiado en serio.
Probando el valor de la risa como antídoto contra las meteduras de pata
Para probar los muchos factores que influyen en la mejor respuesta ante una situación desagradable, el equipo de autores realizó una serie de seis experimentos con poco más de 3,200 personas.
El primer estudio de la serie respaldó la teoría de que expresar diversión cuando nadie sale perjudicado es lo mejor para mantener la reputación de una persona. Los experimentadores pidieron a los participantes que imaginaran asistir a una cena en casa de un amigo y charlar con un primo de este.
Cada participante imaginó uno de los 12 posibles escenarios en los que admitiría un error ante un desconocido. Entre ellos se incluían caerse en la calle, dar una charla con la cremallera abierta, notar un fuerte olor corporal después de hacer ejercicio en el gimnasio, roncar en un teatro público, olvidarse el cumpleaños de la madre y preguntarle a una mujer que no estaba embarazada cuál era su fecha de parto.
Para manipular la reacción del actor, los autores contrastaron la diversión con la vergüenza al describir cómo el individuo manejaba la situación. En la condición de vergüenza, el escenario decía que el actor “tiende a desviar la mirada y evitar el contacto visual. También comienza a tocarse la cara y se nota que se le pone roja”. En la condición de diversión, la descripción decía lo siguiente: “Mientras cuenta la historia, sonríe y se ríe de sí mismo… se da cuenta de que le resulta graciosa la situación”.
Los hallazgos de este estudio sentaron las bases para los estudios posteriores, los cuales, en conjunto, demostraron que la diversión prevaleció sobre la vergüenza en juicios sobre el actor como cálido, competente y auténtico, siempre y cuando el resultado causara poco daño (p. ej., una cremallera) en comparación con un daño mayor (p. ej., una mujer embarazada).
Considerando todos los hallazgos, los autores construyeron un modelo con juicios sobre el carácter del infractor como resultado final. En este modelo, la expresión de diversión o vergüenza, junto con la magnitud del daño, predijo la percepción de desajuste emocional y vergüenza, lo que, a su vez, predijo cómo los observadores percibieron al actor.
Por qué y cuándo funciona reírse de uno mismo
Claramente, si no hay consecuencias graves, es mejor que te conviertas en el blanco de la broma. De hecho, al hacerlo, señalan los autores, también das permiso a los demás para reírse, transformando un momento incómodo en uno de emociones positivas compartidas. Si alguien sale herido (incluso tú mismo, como en uno de los estudios), todo cambia.
Otra razón por la que la risa funciona ante un pequeño error es que proyectas una versión más auténtica de ti mismo que si muestras vergüenza. Usar el humor sobre tus fallos significa que te aceptas tal como eres, con tus defectos y todo. Cuando muestras vergüenza, sugieres que tienes algo que ocultar. La capacidad de Rebeca para reírse del incidente en el restaurante no solo aliviaría la tensión, sino que también demostraría que no teme parecer torpe.
En resumen, siempre que tus meteduras de pata sean inocentes y sin importancia, mostrar que no te tomas las cosas demasiado en serio no solo neutralizará el daño a tu reputación, sino que también te permitirá mostrar tu verdadera personalidad.
A version of this article originally appeared in English.