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Verificado por Psychology Today

Ansiedad

¿El egocentrismo es la raíz de todos los males?

Geralt/Pixabay Public Domain
Fuente: Geralt/Pixabay Public Domain

Cuando alguien nos dice que somos egocéntricos, sabemos con certeza que no nos está diciendo ningún halago. El término no solamente tiene una raíz negativa por definición, sino que también está saturado de connotaciones poco favorables. Como se le entiende generalmente, el concepto es sinónimo de ególatra, vano, egoísta y hasta narcisista.

Los diccionarios la dan al egocentrismo la desagradable definición de "preocuparse por los asuntos de uno mismo más que por los demás" frecuentemente incluso se agrega que es "la exclusión de los demás y del mundo exterior." Esto es, que los individuos egocéntricos usualmente no muestran demasiadas preocupaciones por cualquier otra persona o cosa que esté fuera de su propio interés personal (sumamente limitado). Así, usualmente hacen pocos esfuerzos por entender los pensamientos y sentimientos de los demás. Y al estar demasiado enfocados en sí mismos, fácilmente fallan cuando intentan prestarles atención. No suelen ser buenos amigos.

Obviamente, prestarle atención a nuestros propios deseos y necesidades es apropiado, incluso necesario. Pero cuando nos sentimos demasiado mal o nerviosos sobre nosotros mismos y nos enganchamos en la preocupación sobre cómo nos perciben los demás o nos autocomplacemos con pensamientos de grandeza sobre lo especiales que somos, descendemos a un estado de egocentrismo tóxico. Y como característica de personalidad, estar excesivamente ocupados con nosotros mismos, a expensas de casi cualquier otra consideración, usualmente se considera no solo anormal, sino poco ético también, porque dicho comportamiento representa prácticamente todo lo opuesto al altruismo.

Cuando se explora al egocentrismo en la literatura, usualmente se contrasta con la introspección y el autoconocimiento, que son características de la personalidad con una percepción mucho más positiva, ya que se relacionan con la madurez, la sensibilidad y lograr una percepción personal valiosa. Y también se les percibe como individuos que posibilitan que se trate a los demás con mayor consideración.

Pero no he visto a autores discutiendo el tema de cuántas disfunciones psicológicas pueden entenderse más precisamente como "males" causados por el egocentrismo. El egocentrismo puede considerarse un factor en un amplio rango de problemas, desde una variedad de discapacidades obsesivo-compulsivas, de ansiedad y fobias hasta muchos trastornos depresivos y varias adicciones, pasando por estrés postraumático, y hasta la mayoría de los desórdenes de la personalidad. Así que, cualquier tratamiento efectivo de estas anomalías necesita incluir un plan para reducir considerablemente estas tendencias obsesivamente egocéntricas.

Los expertos en narcisismo patológico hablan rutinariamente sobre el egocentrismo como la característica más definitoria de este desorden de la personalidad. Y sus descripciones de este enfoque en uno mismo tan intenso no son nada halagadoras. El egocentrismo de los narcisistas pone en evidencia su grandiosidad, su actitud de tener derecho a todo, la falta de empatía, y las relaciones de explotación hacia otros. Las personalidades limítrofes también se consideran como egocéntricas, tan egocéntricas que estos individuos usualmente no pueden discernir lo que está pasando a su alrededor, no solamente interpretan desde su propia perspectiva lo que otros dicen y hacen, sino que también llegan a sus propias conclusiones sobre cómo los perciben los demás.

Pero, aunque todos los narcisistas y limítrofes son egocéntricos, no todos los individuos egocéntricos merecen ser percibidos como ejemplares de cualquiera de los dos desórdenes de la personalidad. Como dije anteriormente, muchos otros trastornos de la personalidad también pueden estar involucrados con el egocentrismo (histriónico, paranoico, evasivo, dependiente y obsesivo compulsivo).

Lo que los profesionales de la salud a veces fallan en considerar es:

  • La función central que tiene el egocentrismo en los desórdenes del humor y también en una gran variedad de desórdenes que no son de personalidad.
  • Cómo el egocentrismo se entiende mejor como una estrategia clave que emplea la gente susceptible para protegerse de amenazas inmediatas mentales y emocionales.

El egocentrismo y la ansiedad

Primero veamos la manera en la que el egocentrismo modera los sentimientos de vergüenza, impotencia y nervios en los desórdenes de ansiedad. Según Dan Neuharth Ph.D.: "Debajo de su egocentrismo, probablemente se sienten defectuosos, impotentes, indignos o fuera de control". A esto yo le agregaría que se sienten amenazados, vulnerables, e inseguros, lo que le da en el punto a la razón por la que el egocentrismo es una característica tan común entre aquellos que tienen profundas dudas sobre sí mismos, tan profundas que afectan su funcionamiento diario.

Además, los individuos con un desorden de ansiedad están "afligidos" con egocentrismo no porque sean egoístas o insensibles hacia los demás (como los narcisistas), sino porque están encerrados en procesos repetitivos y latosos de pensamiento que reflejan los miedos sobre su aptitud personal y sobre la manera en la que los demás los perciben (de manera adversa).

Indudablemente, su hábito destructivo de engancharse en autocríticas y analizar todo de más es compulsivo y es muy diferente a las divagaciones autocongratulatorias de un narcisista. Aún así, los intentos introspectivos de quienes padecen de ansiedad sí representan intentos por entender algo que los molesta. Y al mantenerse completamente conscientes de sus preocupaciones, desvían el peligro percibido de ser completamente sobrecogidos por estos miedos (mayoritariamente irracionales).

Melissa Dahl, en un texto cómico para la revista del New York Times observa:

Los nervios encuentran la forma de hacer que nos doblemos hacia el interior de nosotros mismos, obsesionados con cada cosa incómoda que hemos dicho o hecho delante de alguien que estábamos intentando impresionar. Estamos platicando, pero también estamos muy enfocados en nosotros mismos, intentando adivinar qué impresión estamos dejando. Mientras tanto, ya nos perdimos los últimos cinco minutos de una conversación, lo que hace muy probable que la impresión que estamos dejando sea que somos algo groseros.

Al ser menos capaces de identificar las perspectivas de los demás, estas fijaciones conllevan costos en las relaciones. Y mientras que en sí, este enfoque en uno mismo no indica un desorden de ansiedad, si es constante o exagerado, sin duda es característico de alguien que padece de ese mal.

En otro estudio citado por Dahl, dos investigadores canadienses que evaluaron si la ansiedad lleva a la gente a ser egocéntrica, o si ese enfoque es el que lleva a la ansiedad, encontraron evidencias que confirman la segunda hipótesis. Y eso ciertamente deja mucho espacio abierto para más investigaciones científicas en el futuro. Ya que la literatura casi nunca aprecia la posibilidad de que el egocentrismo pueda precipitar la ansiedad, depresión y otros problemas psicológicos, en lugar de simplemente ser uno de sus muchos efectos indeseables.

Egocentrismo y depresión

Observemos cómo la discusión de arriba sobre la ansiedad es sumamente complementaria de esta descripción de la depresión:

Las personas deprimidas están constantemente estancadas en autorecriminaciones sobre lo malos (tontos, feos, indignos) que son; hay una constante voz interior crítica que no deja de romper a la persona, cuestionando todos los movimientos y cada decisión que toman... Las personas con una depresión severa parecen ser egocéntricas. Este incesante diálogo interno llena a quien lo padece de una vergüenza interna.

Y observando a la depresión específicamente desde la perspectiva budista que desaprueba del ego, tenemos esta entrada interesante en un foro de internet:

Yo creo que el egocentrismo es la causa de la depresión. Y no solo de la depresión, sino de todos los males del mundo como lo conocemos. La ironía es que solo lo puedo ver AHORA, en retrospectiva, recordando mi estado mental cuando estaba deprimido: "Ego por todas partes, yo, yo,yo, MIS problemas, MI depresión, MI pasado, MI, MI, MI, MI..." Precisamente esa fascinación egocéntrica conmigo mismo y los deseos de mi ego fue exactamente lo que me mantuvo atrapado en esa depresión por tanto tiempo...Todo lo que hacía era alimentar mi ego... y autocompadecerme...Eso es egocentrismo en su máxima expresión, o debería decir, en su expresión más baja.

Para mí, a pesar de que está innegablemente sobrevalorado, es un ejemplo impactante de la visión cerrada que puede caracterizar a muchos individuos asediados por una reflexión obsesiva. Y como con muchas otras aflicciones psicológicas, no puede haber paz interior ni alegría para alguien acosado por ese tipo de pensamientos reciclados interminables. Este enfoque mental invertido también puede entenderse como el creador y sustentador de este doloroso estado mental y humor, en lugar de simplemente ser uno de sus lamentables efectos.

El alto precio del egocentrismo

Aquí he listado solo algunos de los efectos dañinos que vienen con esa lamentable fijación con el ser:

  • Según Catrina McFate, el Dalai Lama—con base en una conferencia a la que acudió en un simposio sobre budismo y meditación en Nueva York- dijo que: "La gente que tiene una tendencia a usar términos de autoreferencia (yo, mi, mí) tienden también a tener más problemas de salud y muertes más tempranas."
  • Como muchos autores han subrayado, nuestras relaciones resultan afectadas, a veces de maneras irreparables, por un egocentrismo que socava la cercanía, o intimidad, que necesitan todas las relaciones si quieren ser resistentes y amorosas.
  • Como se sugirió anteriormente, un egocentrismo constante limita nuestra capacidad de ser empáticos y verdaderamente entender los pensamientos, sentimientos, necesidades y deseos de los demás. Es sumamente difícil apreciar claramente al mundo que existe fuera de nosotros cuando la mayor parte del tiempo nuestro enfoque está dirigido hacia nuestro interior.
  • Mientras sigamos, casi diariamente, obsesionados con todas las cosas que se relacionan con nosotros, será imposible lograr felicidad, conformidad y una sensación estable de bienestar.

Afortunadamente hay cosas prácticas que podemos hacer para superar lo que podría convertirse en un hábito o "maldición" para toda la vida.

© 2016 Leon F. Seltzer, Ph.D. Todos los derechos reservados.

A version of this article originally appeared in English.