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Verificado por Psychology Today

Si tan solo la nutrición fuera un proceso simple: tener hambre, comer, llenarse, dejar de comer. En realidad, una serie de bioquímicos que envían señales entre el cerebro y el cuerpo controlan tanto el hambre como el apetito, y la diferencia entre los dos es compleja.

El hambre denota una necesidad física de alimento; el apetito es un deseo de alimento y puede ser difícil distinguir entre los dos. El apetito puede verse influenciado por condiciones físicas como los niveles de azúcar en la sangre, las hormonas y el ejercicio. También puede ser impulsado por el estado de ánimo y las emociones. El estrés, la soledad y el aburrimiento pueden desencadenar comer y llevar a una persona a elegir alimentos grasos, azucarados o salados en lugar de opciones más saludables y nutritivas.

Comer como respuesta emocional también puede anular las señales de saciedad, lo que puede llevar a comer en exceso y provocar problemas de peso si el comportamiento se convierte en rutina. Nadie debe ignorar los antojos del cuerpo, pero es prudente ser consciente de lo que puede estar impulsando un deseo de comida.

¿Qué crea el apetito?

Puede parecer que el estómago es el árbitro del hambre, pero el cerebro está tomando las decisiones. Es importante recordar que los seres humanos evolucionaron bajo condiciones de escasez de alimentos, y que dicha escasez prevaleció durante la mayor parte de la historia humana.

Mantener un peso corporal que permita no solo el funcionamiento diario sino la reproducción de la especie, entonces, no se ha dejado al azar: muchas hormonas y neuroquímicos ayudan a regular el apetito e influyen en el peso. Los investigadores creen que la hormona grelina juega un papel central en la estimulación del hambre. La grelina se produce en el estómago, y un estómago vacío hace que la hormona se libere en el torrente sanguíneo y viaje al cerebro, donde activa las células nerviosas que aumentan el apetito. Una vez que comienzas a comer, el estómago se expande, frenando la liberación de grelina y disminuyendo el apetito de una persona.

¿Qué factores contribuyen al apetito?

Las personas son impulsadas a comer por muchas razones además del hambre. Las señales sociales pueden aumentar sutilmente el apetito, porque las personas tienden a comer más durante una comida con amigos o familiares que durante una comida ellos solos. Las normas culturales, como terminar lo que está en el plato, y las señales sensoriales, como el olor de una torta de chocolate caliente también pueden influir en el apetito y la cantidad de alimentos que las personas consumen.

 

¿El sueño influye en el apetito y el peso?

Los hábitos de sueño pueden influir en las hormonas que controlan el apetito, lo que puede conducir al aumento de peso. Los niveles de la hormona grelina aumentan con la falta de sueño, produciendo una mayor sensación de hambre. Y la hormona leptina disminuye, lo que requiere más comida para que una persona se sienta llena. Además, las interrupciones del sueño pueden alterar la forma en que se metabolizan los alimentos y llevar a menos ejercicio y movimiento general al día siguiente.

 

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Pérdida del apetito

Aunque las personas pueden experimentar fluctuaciones naturales en su apetito de vez en cuando, la pérdida repentina o severa del apetito puede ser un presagio de problemas de salud física y mental. Abordar y tratar la condición subyacente es clave para recuperar un apetito saludable.

¿Qué afecciones de salud mental están relacionadas con la pérdida de apetito?

La disminución del apetito puede ser indicativa de estrés, ansiedad, depresión o dolor. En estas situaciones, la angustia puede llegar a consumir todo, eliminando el deseo de comer e impidiendo tareas tan básicas como preparar una comida. Las manifestaciones físicas de estrés también pueden contribuir a la pérdida del apetito; por ejemplo, las náuseas y los dolores de cabeza pueden interferir con las señales que dirigen el apetito. La depresión también puede alimentar y ser alimentada por los alimentos.

Cuando las personas no comen debido a preocupaciones sobre el peso y la imagen corporal, puede deberse a un trastorno alimentario en lugar de a la pérdida de apetito.

La pérdida del apetito también puede ser un efecto secundario de los medicamentos para afecciones de salud mental, como Adderall o Ritalin para el TDAH y Prozac para la depresión.

 

¿La pérdida del apetito es una señal de depresión?

Puede ser, sí. Uno de los síntomas de la depresión es una disminución constante en el apetito o pérdida de peso significativa cuando no estás a dieta. Las personas que están deprimidas a menudo pierden interés y placer en comer, similar a la ausencia de motivación en general. Además, algunos creen que la condición puede obstruir la sensibilidad fisiológica del gusto, otra vía para la pérdida de apetito en la depresión. (Sin embargo, también puede ocurrir la relación opuesta: el aumento significativo de peso puede ser un síntoma de depresión).

 

Comer en exceso y comer como respuesta emocional

Las emociones pueden tener una influencia poderosa en nuestras elecciones de alimentos. Consumir alimentos con el propósito de regular las emociones, en lugar de satisfacer el hambre, se llama alimentación emocional o alimentación por estrés. Puede ser evocado por el estrés, la depresión, la tristeza, la vergüenza, la ira, la soledad y el aburrimiento.

Muchas personas luchan con comer como respuesta emocional en algún momento, pero las investigaciones sugieren que las terapias como la Terapia de Aceptación y Compromiso, la Terapia Cognitiva Conductual y la Terapia Dialéctica Conductual pueden ayudar a las personas a superar estos patrones.

¿Por qué como por estrés?

 

Los niveles de estrés son fundamentales para comer como respuesta a las emociones. Otros componentes de la motivación y la autorregulación también pueden estar involucrados, incluida la alimentación restringida (restringir y monitorear la ingesta de alimentos, lo que puede conducir a pensamientos constantes sobre alimentos), impulsividad (no considerar las consecuencias del consumo de alimentos poco saludables), sensibilidad de recompensa (qué tan sensible es uno a las propiedades que elevan el estado de ánimo de los alimentos reconfortantes) y reevaluación cognitiva (cómo se evalúa una situación que induce emociones).

 

¿Cómo dejo de comer como respuesta a las emociones?

Desarrollar habilidades de afrontamiento para manejar el estrés que induce la alimentación emocional es clave para cambiar el hábito. Eso se puede lograr mediante el aprendizaje de habilidades en torno a la gestión del tiempo, la resolución de problemas, la resolución de conflictos, la atención plena y la terapia cognitivo-conductual. Las personas también pueden tomar medidas anticipándose a situaciones que podrían llevar a elecciones desafiantes de alimentos, como no ir de compras cuando tienen hambre o comprar alimentos que saben que serán difíciles de resistir, por ejemplo.

 

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