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Verificado por Psychology Today

Personalidad

¿Por qué tanta gente fanfarronea con la cuarentena?

Motortion Films/Shutterstock
No es vergonzoso que una habitación esté desordenada en estos momentos.
Fuente: Motortion Films/Shutterstock

Todos lo hemos visto en Facebook e Instagram: publicaciones de pan perfectamente horneado en casa o guardarropas ordenados por colores frescos después de una limpieza primaveral. O retuits de planes perfectamente ejecutados para que los niños aprendan desde casa, con más de 50 actividades creativas para todas las edades. Y tal vez nos preguntamos: "¿De dónde saca esta gente el tiempo, energía y concentración para hacer todo eso mientras nos enfrentamos a la pandemia y lidiamos con los factores estresantes cotidianos relacionados?"

La respuesta más probable es: no lo tienen. Simplemente necesitan proyectar una imagen perfecta para ayudarse a sentirse mejor. O, más específicamente, lo hacen porque creen que con eso se sentirán mejor. Gordon Flett, Ph.D., profesor de psicología en la Universidad de York en Toronto y coautor del libro, Perfeccionismo , llama a este fenómeno "autopresentación perfeccionista." En una conversación que tuve con él, me explicó que aunque la fanfarronería en redes sociales probablemente se siente bien al principio, a la larga no le sirve de nada al fanfarrón.

No digo que la gente que publica imágenes perfectas de sus vidas en cuarentena estén creando deliberadamente una falsa realidad en línea. Tal vez una minoría de ellos sí estén presentando una ficción como realidad intencionalmente (las celebridades y sus equipos de relaciones públicas lo hacen así todo el tiempo), pero sospecho que la mayoría de la gente simplemente se siente presionada para ser perfecta o al menos aparentar serlo. Esta presión se alimenta de nuestra cultura competitiva y obsesionada con la imagen, una cultura que se ha exacerbado gracias a las redes sociales. En efecto, parece que el perfeccionismo ha ido en aumento entre estudiantes universitarios desde finales de los ochenta.

Los perfeccionistas establecen estándares imposiblemente altos para sí mismos, usualmente en sus vidas profesionales, pero también se puede extender a otros dominios. Su autovaloración se basa casi exclusivamente en cumplir con estos estándares y perciben cualquier error, retraso o meta ejecutada de manera imperfecta como un fracaso personal. Tristemente, no suelen sentir mucho orgullo ni satisfacción al cumplir sus metas. Los perfeccionistas tienden a engancharse, preocuparse y ser sumamente críticos de sí mismos y de los demás. Cuando están estresados, tienden a la ansiedad y la depresión.

Más que cualquier otra cosa, los perfeccionistas temen no ser dignos de amor y aceptación a menos que sigan llegando a un estándar cada vez más alto de excelencia. "Nuestras investigaciones han demostrado que la gente insegura tienen una necesidad de proyectar una imagen perfecta de sí mismos," dijo Flett. Entonces, no es ninguna sorpresa que sientan que no deben permitir que la pandemia mundial desvíe sus esfuerzos y que deben lograr la perfección incluso cuando el mundo se está volviendo loco. Sus publicaciones de internet reflejan la necesidad de mostrar que están aquí, que siguen intentando ser prácticamente perfectos de todas las maneras posibles, aunque detrás de esas imágenes probablemente hay mucho dolor, ansiedad, tristeza, dificultades y discordia.

Al navegar por nuestras redes sociales, no vemos a perfeccionistas luchando frenéticamente por mantenerse a flote en un mundo en el que están perdiendo el control que están acostumbrados a tener. No vemos su noches de insomnio, agobiados por la preocupación que los llevó a hornear ese pan o sus esfuerzos desesperados por generar orden acomodando su guardarropa. O la culpa y lágrimas que provienen de darse cuenta de que nada de lo que uno haga para lograr que los niños aprendan será tan bueno como los esfuerzos de una maestra certificada.

Lo que vemos es un espejismo de perfección. Y eso nos hace sentir mal por estar fracasando al compararnos con ellos, a pesar de que sabemos que es una realidad curada y embellecida, no la vida real de nadie. No podemos evitarlo, empezamos a acumular envidia y resentimiento. ¿Por qué nosotros no podemos hornear ese pan? ¿Por qué nosotros apenas si podemos balancear bañarnos adiario, no perder nuestros trabajos y mantener a los niños saludables? ¿Por qué solo nosotros somos imperfectos?

La verdad es que todos somos imperfectos. Es parte de ser humanos: hacer lo mejor que uno puede en cualquier momento, cometer errores, caerse y levantarse para intentarlo de nuevo. Siempre ha sido así y la pandemia de coronavirus simplemente nos ha forzado a quitarnos nuestros lentes color de rosa. Y aún así, hay belleza y resistencia en esta imperfección. Seamos valientes y aceptémosla. La próxima vez que publiquen algo en Facebook o Instagram, intenten simplemente ser honestos, las respuestas les resultarán sorprendentes.

Finalmente, no critiquemos o avergoncemos a esos fanfarrones de cuarentena. Recordemos que debajo de todo eso hay gente que quiere ser vista, conocida y aceptada con todo y verrugas. Expresemos amabilidad y compasión por lo difícil que debe ser intentar ser excelentes a pesar de la crisis. Y enviemos nuestra aceptación a todo el mundo. Hay más de una persona que la necesita en este momento.


Imagen de Facebook: Pixel-Shot/Shutterstock

A version of this article originally appeared in English.

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