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Verificado por Psychology Today

Personalidad

Por qué ciertas personas nunca admitirán que estaban equivocadas

WeAre/Shutterstock
Fuente: WeAre/Shutterstock

Todos cometemos errores y lo hacemos regularmente. Algunos errores son pequeños, como: "No, no necesitamos detenernos en la tienda; queda mucha leche para el desayuno". Algunos son más importantes, como: "No me apresures; tenemos mucho tiempo para llegar al aeropuerto antes de que el vuelo salga". Y algunos son cruciales, como: "Sé que estaba lloviendo y estaba oscuro, pero estoy seguro de que ese era el hombre que vi irrumpir en la casa al otro lado de la calle".

A nadie le gusta estar equivocado. Es una experiencia emocional desagradable para todos. La pregunta es ¿cómo respondemos cuando resulta que estábamos equivocados; cuando no había suficiente leche para el café, cuando nos topamos con el tráfico y perdimos el vuelo o cuando descubrimos que el hombre que estuvo en la cárcel durante cinco años por nuestra identificación era inocente?

Algunos admiten que se equivocaron y dicen, "Vaya, tenías razón. Debimos haber comprado más leche".

Algunos insinúan que estaban equivocados, pero no lo hacen de manera explícita o de una manera que satisfaga a la otra persona, "Hubiéramos llegado al aeropuerto a tiempo si no hubiera habido tanto tráfico. Pero está bien, la próxima vez saldremos más temprano."

Pero algunas personas se niegan a admitir que están equivocadas, incluso ante pruebas abrumadoras: "¿Lo dejaron ir por las pruebas de ADN y la confesión de otro tipo? ¡Ridículo! ¡Ese es el hombre! ¡Lo vi!"

Probablemente, los dos primeros ejemplos suenan familiares para la mayoría, porque esas son respuestas típicas cuando uno está equivocado. Aceptamos la responsabilidad total o parcialmente (a veces, muy, muy parcialmente), pero no negamos los hechos reales. No afirmamos que había suficiente leche cuando no lo había, o que no llegamos tarde al aeropuerto.

Pero, ¿qué pasa cuando una persona niega los hechos y no puede admitir que se equivocó, en ninguna circunstancia? ¿Qué elemento de su estructura psicológica hace que les sea imposible admitir que estaban equivocados, incluso cuando es obvio que lo estaban? Y, ¿por qué sucede esto tan repetidamente? ¿Por qué nunca admiten que sí estaban equivocados?

La respuesta está relacionada con su ego, su sentido de identidad. Algunas personas tienen un ego tan frágil, un autoestima tan vulnerable, una "constitución psicológica" tan débil, que admitir que cometieron un error o que estaban equivocados es, básicamente, demasiado amenazante para sus egos. Aceptar que estaban equivocados, absorber esa realidad, sería tan psicológicamente devastador que sus mecanismos de defensa hacen algo extraordinario para evitarlo; literalmente, distorsionan su percepción de la realidad para hacerla menos amenazante. Para proteger su ego frágil, sus mecanismos de defensa cambian los hechos en su mente para no estar equivocados o no ser culpables.

Como consecuencia, dicen cosas como: "Revisé por la mañana y había suficiente leche, así que alguien debe habérsela terminado". Cuando se señala que nadie estaba en casa después de que se fueron por la mañana, por lo que nadie podría haber hecho eso, doblan las apuestas y repiten, "Alguien debe haberlo hecho, porque yo revisé y había leche", como si algún fantasma hubiera irrumpido en la casa, bebido toda la leche y escapado sin un rastro.

En el caso del otro ejemplo, insistirán en que su identificación errónea del ladrón era correcta, a pesar de que las pruebas de ADN y una confesión de otra persona indiquen lo contrario. Cuando son confrontados, siguen insistiendo o atacan a cualquier persona que intente afirmar lo contrario y menosprecian las fuentes de información que los contradice (por ejemplo, "Estos laboratorios cometen errores todo el tiempo y, además ¡no se puede confiar en la confesión de otro criminal! Y, ¿por qué siempre se ponen de su lado?").

Las personas que exhiben este tipo de comportamiento de manera habitual son, por definición, psicológicamente frágiles. Sin embargo, a estas personas les resulta difícil aceptar este diagnóstico, ya que para el mundo exterior, se muestran como personas confiadas y firmes que no se rinden nunca, cosas que asociamos con fortaleza. Pero la rigidez psicológica no es un signo de fortaleza, es un indicio de debilidad. Estas personas no eligen mantenerse firmes; están obligados a hacerlo para proteger sus egos frágiles. Admitir que estamos equivocados no es agradable, lastima cualquier ego. Se necesita cierta fuerza emocional y coraje para hacer frente a esa realidad y admitir nuestros errores. La mayoría de las personas se enfada un poco cuando tiene que admitir que está equivocada, pero lo supera.

Pero cuando las personas son incapaces de admitir que están equivocadas, cuando no pueden tolerar la noción de que pueden cometer errores, es porque sufren de un ego tan frágil que no pueden simplemente enfadarse y superarlo, necesitan deformar su percepción de la realidad y desafiar hechos obvios con el fin de afirmar que no estaban equivocados.

La forma en la que respondemos a esas personas depende de nosotros. El único error que no debemos cometer es considerar su forma persistente y rígida de negarse a admitir que están equivocados como una señal de fortaleza o convicción, porque es todo lo contrario: es un signo de debilidad y fragilidad psicológica.

Copyright 2018 Guy Winch

A version of this article originally appeared in English.