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Verificado por Psychology Today

Autoayuda

No, no siempre necesita perdonar

De entre todas las publicaciones que he subido a mi blog, una de las más populares es “Por qué necesitamos cerrar ciclos”. Creo que la razón es porque detalla las experiencias dolorosas que provienen de no entender por qué una relación terminó, sin saber con certeza o claridad cuál fue nuestra culpa en que sicediera ni, tal vez, la falla intrínseca en nosotros mismos que la causó o tal vez lo peor de todo, sin saber cómo recoger las piezas, a pesar de ver en ellas algunos destellos de esperanza.

De manera similar, cuando estamos dolidos por circunstancias fuera de nuestro control, ya sean románticas o no, con frecuencia nos recomiendan que “perdonemos”.

El perdón, según Webster, es “dejar de sentir resentimiento contra (alguien que ofendió)” o “renunciar al resentimiento o necesidad de venganza a cambio de perdonar un insulto”. Como verbo, es un concepto cargado, que involucra algunos componentes importantes que dan forma a nuestra autoimagen, como la responsabilidad, el carácter y la moralidad. Entonces, al decirnos que perdonemos nos están diciendo que actuemos de cierta manera, como si, al hacerlo, no solo estuviéramos absolviendo al que nos ofendió en nuestras vidas, sino también a nosotros mismos.

Dentro de los consejos populares, se nos dice que perdonar cualquier traición que hayamos soportado representa la promesa de liberarnos del pasado, de nuestro dolor y de cualquier recuerdo que nos aflija. En mi opinión, sin embargo, cuando nos encontramos en las trincheras de emociones profundas y confusas que derivan de que alguien o algo nos hizo sentir traicionados, creer que la única absolución posible es perdonar abre un camino peligroso: Si sentimos que no podemos perdonar sinceramente, entonces acabamos invadidos por la culpa y la vergüenza, nos sentirnos mal por no saber cómo perdonar o si somos capaces de hacerlo. De esta manera, caemos aún más en un estado de desesperación.

La verdad es que, en algunas situaciones, no es necesario perdonar, sobre todo porque el perdón es un fenómeno psicológico complejo, que involucra tanto factores situacionales como personales. Por ejemplo, en dos estudios de McCullough que exploraron el perdón, la venganza y otros factores, se encontró que la baja simpatía y el alto neuroticismo estaban asociados con la venganza, que también estaba relacionada con (a) ser menos indulgente; (b) una mayor aferración sobre la ofensa; (c) una mayor afectividad negativa; y (d) una satisfacción menor conla vida. Algunas personas parecen ser simplemente más capaces de perdonar según su personalidad.

Desde una perspectiva menos determinista, el perdón también puede basarse en la situación. Un buen ejemplo de esto es lo fácil que es perdonar cuando la persona que ofendió muestra un verdadero remordimiento. La razón, supongo, puede ser evolutiva: El remordimiento sugiere que una persona reconoce lo que hizo mal. El reconocimiento en sí es mera evidencia de salvación: Al reconocer cognitivamente la acción hiriente y disculparse por ella, la persona que ofendió reconoce su función y responsabilidad de lastimar a otra persona. La creencia de que la persona que ofende volvería a traicionar es baja, debido al reconocimiento o la acción y el dolor que ellos también han sufrido, por lo que es poco probable que pongan a otra persona o a ellos mismos en esa situación de nuevo.

Pero, ¿qué sucede si la persona que realizó la ofensa no muestra remordimiento? “Perdónelos, porque no saben lo que han hecho”, son las palabras supuestamente pronunciadas por Jesús durante su crucifixión. Este ejemplo compasivo muestra que el perdón es posible mediante la empatía, al sugerir que si uno no es consciente de las consecuencias de sus acciones o el dolor resultante causado, el perdón está justificado.

Lo que no justifica el perdón, sin embargo, es verdadera malevolencia: Cuando no se muestra remordimiento, ni se culpa a la ignorancia, sino que una persona ha recibido satisfacción del dolor ajeno, el perdón es innecesario. Sin embargo, la aceptación sí es necesaria. (En el caso del abuso infantil, este concepto se describe muy bien en el libro Toxic Parents (Padres tóxicos) de Susan Forward).

Para muchos, puede ser difícil reconocer que alguien cercano a nosotros podría haber actuado con malicia contra nosotros, disfrutar de nuestro dolor y seguir siendo hiriente a pesar de no tener nada que ganar excepto la satisfacción propia. Cuando los clientes me hablan de las travesías que han sufrido y de lo cruelmente que los han tratado, particularmente en casos de abuso infantil, la idea del perdón suele surgir, por lo general de forma independiente: “Sé que necesito perdonar...” o “No sé cómo puedo perdonar”. Estas palabras son poderosas porque dentro de ellas yace un concepto que ataca la voluntad del individuo herido, incluidos el autoconcepto, la autoestima y la comprensión del mundo, de las personas y, de hecho, de sí mismo. ¿Hay necesidad de perdonar? No, hay necesidad de entender y aceptar y hay necesidad de responsabilizar a la persona que lo ofendió, aunque sea poniendo la culpa donde debería estar durante conversaciones a con un terapeuta o un amigo. Es necesario lamentar la idea de lo que podría o debería haber sucedido; hay necesidad de amar a la versión de uno mismo más joven que ha soportado las dificultades y hay necesidad de hacer un plan para seguir adelante.

El perdón es un fenómeno emocional y psicológico que, probablemente, tiene un peso evolutivo, al permitirnos desempeñarnos en una sociedad construida sobre la confianza. En la mayoría de los casos, el perdón es saludable, necesario y recomendado. A veces, sin embargo, hay más poder en no perdonar, en aprender de los encuentros de malevolencia, crecer y seguir adelante.

Imagen de Facebook: YAKOBCHUK VIACHESLAV/Shutterstock

A version of this article originally appeared in English.

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