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Verificado por Psychology Today

Autoayuda

Las 3 causas más comunes de la inseguridad y cómo vencerlas

Stefano Tinti/Shutterstock
Fuente: Stefano Tinti/Shutterstoc
A veces nos sentimos llenos de dudas sobre nosotros mismos y nos falta confianza. A pesar de todos nuestros logros, llegamos a sentirnos como un fraude destinado a ser expuesto. Como si no mereciéramos amor duradero así que todas nuestras parejas inevitablemente nos dejarán. O que debemos quedarnos en casa porque nos asusta aventurarnos y conocer a nuevas personas y recordar que no tenemos nada que ofrecer a los demás. También pueden ser ideas más precisas, como que somos demasiado gordos, aburridos, tontos, feos o culpables.

La mayoría de la gente se siente insegura ocasionalmente, pero algunos de nosotros nos sentimos inseguros la mayor parte del tiempo. Nuestra niñez, traumas del pasado, experiencias recientes de fracaso o rechazo, la soledad, ansiedad social, creencias negativas sobre uno mismo, perfeccionismo o tener un padre crítico o pareja son elementos que pueden contribuir a la inseguridad. Estas son las 3 formas más comunes y cómo podemos empezar a lidiar con ellas.

Tipo 1: Inseguridad basada en rechazos o fracasos recientes

Eventos recientes en nuestras vidas pueden afectar considerablemente tanto nuestro humor como la manera en la que nos sentimos sobre nosotros mismos. Investigaciones sobre la felicidad han sugerido que hasta el 40% de nuestro "coeficiente de felicidad" está basado en eventos recientes de nuestras vidas. Terminar una relación es el contribuyente más importante para la infelicidad, seguido por la muerte de una pareja, la pérdida de un trabajo y eventos negativos en la salud. Ya que la infelicidad también influye en el autoestima, fracasar o ser rechazados puede tener un doble impacto en nuestra confianza. En su libro, Primeros auxilios emocionales: sanar del rechazo, la culpa y otras heridas diarias, el escritor de Psychology Today, Guy Winch, dice que el rechazo inevitablemente lleva a que nos veamos a nosotros mismos y a los demás de una manera más negativa, al menos por un tiempo. Y aquellos de nosotros que tenemos autoestima más baja en primer lugar, somos más reactivos al fracaso. Es como si la experiencia de perder un trabajo tomara todos esas creencias negativas que teníamos sobre nuestro valor y las activara. Podría ser útil entender que el fracaso es una experiencia prácticamente omnipresente: Antes de ser presidente, Abraham Lincoln perdió su trabajo, le ganaron la nominación al congreso y fracasó al menos dos veces en ser aceptado para el Senado. Perseverar a pesar de los contratiempos puede llevar a éxitos eventuales, lo que elevará el autoestima.

A continuación hay algunas herramientas que podemos usar para superar las inseguridades basadas en el fracaso o el rechazo:

  1. Darnos tiempo de sanar y adaptarnos a la nueva normalidad.
  2. Salir e involucrarnos con la vida, siguiendo nuestros intereses y curiosidad.
  3. Acercarnos a amigos y familiares para distraernos y obtener apoyo.
  4. Obtener retroalimentación de la gente en la que confiamos.
  5. Perseverar y seguir avanzando hacia nuestras metas.
  6. Estar dispuestos a intentar una estrategia distinta si es necesario.

Tipo 2: Falta de confianza a causa de ansiedad social

Muchos de nosotros experimentan una falta de confianza en situaciones sociales como fiestas, reuniones familiares, entrevistas y citas. El miedo de ser evaluados por otros, y que esa evaluación sea negativa, puede llevarnos a sentirnos ansiosos e inseguros. Como resultado, probablemente evitamos situaciones sociales, experimentamos ansiedad anticipando eventos sociales o nos sentimos inseguros e incómodos cuando estamos en ellos. Muchos de mis clientes describen cómo ser intimidados o excluidos de un grupo de amigos en la escuela secundaria o preparatoria sigue afectando negativamente su confianza como adultos. Si crecimos con padres críticos o padres que nos presionaban para ser populares y exitosos, puede que seamos excesivamente sensibles a cómo nos perciben los demás. Este tipo de inseguridad generalmente se basa en creencias distorsionadas en cuanto al valor que nos damos a nosotros mismos, y en cuanto al grado en el que otras personas nos están evaluando. La mayor parte del tiempo la gente está más enfocada en cómo le están pareciendo a los demás que en juzgar a otras personas. Aquellos que juzgan y excluyen con frecuencia están cubriendo inseguridades propias así que sus opiniones no son precisamente confiables, probablemente valoran atributos superficiales en lugar del carácter y la integridad.

A continuación hay algunas herramientas para combatir la inseguridad en situaciones sociales:

  1. Contestarle a nuestro crítico interior. Recordémonos de todas las razones por las que podemos ser interesantes y divertidos o podríamos ser buenos amigos o parejas.
  2. Prepararse desde antes. Planear algunas cosas de las que podemos hablar, eventos actuales, películas que hemos visto, pasatiempos, el trabajo o hasta nuestra familia.
  3. Evitar las situaciones sociales solo hace las cosas más difíciles. Así que vayamos a esa fiesta o cita incluso si estamos nerviosos. Nuestra ansiedad tendría que irse reduciendo conforme nos involucramos con las demás personas, si no pasa a la primera, puede pasar a la segunda o en cuanto nos acostumbremos a acudir a los eventos.
  4. Establecer una meta realista y delimitada. Podría ser cualquier cosa, desde hablarle a dos personas nuevas o averiguar más acerca del trabajo y pasatiempos de una persona.
  5. Enfocarse deliberadamente en los demás para olvidarse de uno mismo. Pongámonos en modo observador y notemos lo que las demás personas parecen estar sintiendo o haciendo. ¿Hay similitudes o habilidades que podamos aprender de ellos?

Tipo 3: Inseguridad provocada por el perfeccionismo

Algunos de nosotros tenemos estándares muy altos para todo lo que hacemos. Puede que queramos las calificaciones más altas, el mejor trabajo, la figura perfecta, el departamento o casa con la decoración más bonita, hijos limpios y educados, o la pareja ideal. Desafortunadamente, la vida no siempre resulta de la manera en la que queremos, incluso si trabajamos de más. Hay una pequeña sección de los resultados que está, al menos hasta cierto grado, bajo nuestro control. Puede que los jefes sean muy críticos, que escaseen los trabajos, que las parejas se resistan a comprometerse o que tengamos genes que dificultan estar delgados. Pero si constantemente estamos decepcionados y nos culpamos por no ser perfectos, empezaremos a sentirnos inseguros e indignos. Mientras que esforzarnos lo más posible y trabajar mucho podría darnos una ventaja positiva, hay otros aspectos del perfeccionismo que no son sanos. Castigarnos y preocuparnos todo el tiempo por no ser lo suficientemente buenos puede provocar depresión y ansiedad, desórdenes alimenticios o fatiga crónica.

A continuación hay algunas maneras de combatir el perfeccionismo:

  1. Intentar evaluarnos con base en cuánto esfuerzo invertimos, que es algo que controlamos, y no en el resultado, que depende de factores externos.
  2. Pensar qué tanto cambiarían las cosas realmente si nuestro trabajo fuera un 10 por ciento mejor. ¿La energía y el tiempo que invertimos en revisar una y otra vez cada cosa o en responder cada uno de los correos realmente valdría la pena?
  3. El perfeccionismo con frecuencia se basa en una mentalidad de todo o nada, así que podemos intentar buscar las áreas grises. ¿Hay alguna perspectiva más compasiva o comprensiva para esta situación? ¿Estoy tomando en cuenta mis circunstancias al evaluarme? ¿Hubo algún aprendizaje o logro aunque el resultado final no fue perfecto?
  4. Normalmente los perfeccionistas tienen un autoestima condicional: Se gustan cuando están en la cima y se desagradan cuando las cosas no van como quieren. ¿Podemos aprender a gustarnos incluso cuando no nos va bien? Enfocarnos en nuestras cualidades internas como nuestro carácter, sinceridad o buenos valores, en lugar de solamente en las calificaciones que obtenemos, cuanto nos pagan o a cuanta gente le agradamos.

Derechos de autor: Melanie Greenberg, Ph.D., 2015. Todos los derechos reservados.

A version of this article originally appeared in English.