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Verificado por Psychology Today

La ética y la moralidad

¿Existe el verdadero altruismo?

[Article updated on 21 June 2019.]

Pixabay
Fuente: Pixabay

El altruismo ha sido considerado como una defensa del ego, una forma de sublimación en la que una persona lidia con su ansiedad separándose de sí misma y ayudando a otros. Al enfocarse en las necesidades de otros, las personas con vocaciones altruistas como la medicina o enseñanza pueden ser capaces de dejar a un lado sus necesidades permanentemente para así nunca tener que atenderlas o siquiera reconocerlas. Por otro lado, las personas que cuidan de una persona mayor o discapacitada pueden experimentar una ansiedad profunda y angustia cuando se les arrebata repentinamente este papel.

El altruismo como defensa del ego debería distinguirse del verdadero altruismo, uno es principalmente un medio para cubrir sentimientos incómodos y el otro es principalmente un medio para un fin externo como aliviar el hambre o la pobreza. Sin embargo, muchos psicólogos y filósofos han argumentado que, de hecho, el verdadero altruismo no existe. En El Amanecer, el filósofo del siglo XIX Friederich Nietzsche sostiene que aquello a lo que erróneamente se le llama ‘piedad’ no es desinteresada si no basada en diversas motivaciones personales.

Nietzsche está efectivamente coincidiendo con Aristóteles, quien, en la Retórica, define la piedad como un sentimiento de dolor causado por un mal doloroso o destructivo que le acontece a alguien que no lo merece, y que bien podría ocurrirnos a nosotros o a alguno de nuestros amigos y, peor aún, ocurrirnos pronto. Aristóteles asume que la piedad no puede sentirse por alguien que no tiene nada que perder, ni por aquellos que sienten que están más allá de cualquier desgracia.

En un anexo interesante y perspicaz, Aristóteles añade que una persona siente piedad por aquellos que son como ella y por aquellos que conoce, pero no por aquellos con quienes está muy cercanamente relacionado y por quienes se siente como se siente hacia sí misma. Efectivamente, dice Aristóteles, lo lamentable no debe confundirse con lo terrible: un hombre puede llorar al ver a su amigo mendigando, pero no al ver a su hijo caminando hacia su muerte.

Los actos altruistas son egoístas, si no es porque alivian la ansiedad, entonces tal vez porque llevan a sensaciones placenteras de orgullo y satisfacción; la expectativa del honor o reciprocidad; o la mayor probabilidad de obtener un lugar en el paraíso; e incluso si no es por ninguna de las anteriores, entonces al menos porque alivian sentimientos desagradables como la culpa o la vergüenza de no haber actuado en absoluto.

Este argumento ha sido atacado sobre diferentes bases, pero más gravemente sobre la base de la circularidad: los actos altruistas se llevan a cabo por razones egoístas, por lo tanto deben llevarse a cabo por razones egoístas. A final de cuentas, creo que las cosas son así. No puede haber un acto altruista que no involucre algún elemento de interés propio, por ejemplo, no hay tal cosa como un acto altruista que no lleve a cierto nivel, sin importar lo bajo, de orgullo o satisfacción. Por lo tanto, un acto no debería descartarse como egoísta o motivado por interés propio simplemente porque incluya algún elemento inevitable de egoísmo. El acto todavía puede considerarse como altruista si el elemento ‘egoísta’ es accidental, o, si no accidental, entonces secundario, o, si no es ni accidental ni secundario, entonces indeterminado.

¿Esto implicaría que Aristóteles está equivocado al decir que la piedad no puede sentirse por aquellos que no tienen absolutamente nada que perder, o que sienten que están libres de infortunio? No necesariamente. A pesar de que un acto altruista suele ser impulsado por la piedad, no tiene por qué ser el caso, y el altruismo y la piedad no deberían mezclarse y luego confundirse el uno con la otra. Entonces, es perfectamente posible que alguien que está en su lecho de muerte, quien está compos mentis y cuya reputación ya está completamente garantizada, le regale toda su fortuna a alguna causa digna, no por piedad, que podría estar sintiendo o no, sino simplemente porque cree que, al considerarlo todo, es lo correcto. De hecho, esto llega al núcleo de la virtud antigua, que puede definirse como la perfección de nuestra naturaleza a través del triunfo de la razón por encima de la pasión. El acto verdaderamente altruista, es el acto virtuoso y el acto virtuoso es siempre, el acto racional.

Neel Burton es el autor de El paraíso y el infierno: la psicología de las emociones y otros libros.

A version of this article originally appeared in English.