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Motivación

¿Empiezas con fuerza pero nunca terminas? 4 Causas y 4 posibles soluciones

Abandonar no es el problema en sí, sino una mala solución a otros problemas sin resolver.

Los puntos clave

  • Empezar con fuerza y ​​luego abandonar es un problema común.
  • A menudo, las causas subyacentes son monotonía de las etapas intermedias, mala planificación y desánimo.
  • Las claves son reconocer este patrón, aprender nuevas habilidades, tener expectativas realistas y buscar apoyo
Prylarer/pixabay
Fuente: Prylarer/pixabay

Seguramente conoces a personas como Ana. Si reflexiona sobre su vida, la ve llena de aficiones (como tejer, pintar, etc) que se desvanecieron, y proyectos domésticos (plantar un jardín, construir una estantería) que nunca se terminaron. Otros pueden tener una gran idea para un nuevo negocio o empezar una relación, pero, como Ana, todo se desvanece al cabo de unas semanas o meses.

Rendirse suele ser una buena opción por muchas razones, pero si tienes la costumbre de empezar con fuerza, luego flaquear y finalmente parar, sin lograr avanzar ni alcanzar tus metas, quizás sea hora de analizar qué está pasando. Estas son las causas más comunes:

1: La emoción se desvanece.

La novedad suele ser una recompensa en sí misma, una descarga de dopamina: la emoción de lo nuevo, las fantasías sobre cómo será la experiencia, cómo se verá el resultado final. Pero la emoción es difícil de mantener; al final, caes en la monotonía. La química impulsada por la oxitocina de esas primeras citas comienza a desvanecerse naturalmente; cavar en el jardín y martillar tablas se convierten en tareas sin sentido, o surge una mejor idea de negocio, relegando la otra a un segundo plano.

2: Mala planificación inicial.

Crear ese jardín mágico cuesta más de lo esperado, o nunca consideraste cómo mantenerlo regado cuando estás fuera; la aventura empresarial implica muchos problemas legales inesperados. A menudo, el motor aquí es la impulsividad: una actitud de “¡vamos, por qué no!” se apodera de ti, pero los detalles y los posibles desafíos se pierden en el entusiasmo.

3: Te topas con un obstáculo y te sientes abrumado o desanimado.

Tú y tu nueva cita tuvieron una fuerte discusión el sábado por la noche, y en lugar de retomar el tema y resolverlo, decidiste que era demasiado drama y problemas. Comienzas un nuevo cuadro, pero te das cuenta de que no tienes las habilidades para plasmar tu visión. Te decepcionas y desanimas, o te abrumas, y no sabes exactamente qué hacer a continuación. Bajo el peso de estas reacciones, renuncias.


4: Tiendes a la autocrítica y al perfeccionismo

La estantería parece hecha por un niño de primaria, el jardín está descuidado y deberías haber usado otro punto o hilo para el suéter que estás tejiendo. Te recriminas, decides que nunca serás jardinero, constructor ni tejedor, y pasas a otra cosa.

O bien, eres perfeccionista. Tu autocrítica te impide terminar porque crees que terminar debe significar perfección; terminar sin perfección se siente como un fracaso, y el fracaso no es aceptable. Así que nunca terminas porque dejas la puerta abierta a un sinfín de retoques. Te dices que eventualmente volverás a retomarlo y lo terminarás, pero tu ansiedad y las nuevas distracciones crean un sinfín de excusas.

Hay un hilo conductor emocional en todos estos escenarios en el que rendirse es una solución conductual para lidiar con sentimientos incómodos de aburrimiento, decepción, autocrítica, frustración o agobio. La solución es abordar estos problemas subyacentes. Aquí te explicamos cómo empezar:

Da un paso atrás, analiza en profundidad y reconoce tu patrón.

Cuando estás en medio de todo, tu mente tiende a centrarse en los costos, el riego, los problemas legales y las discusiones, pero este es un caso clásico de no ver el bosque por los árboles. Los problemas reales son más profundos: impulsividad y falta de planificación, expectativas poco realistas, lucha contra el aburrimiento, dificultad para tolerar conflictos o autocrítica y perfeccionismo. Esto tiene que ver contigo: tu personalidad, cómo manejas las emociones o cómo te percibes a ti y a tus metas. El primer paso es reconocer y aceptar este patrón.

Considera estos factores subyacentes como un desafío; desarrolla las habilidades que necesitas.

Si tienes TDAH, puede que esté impulsando tu impulsividad o tu necesidad de emociones fuertes; de ser así, abórdalo directamente con una evaluación, considerando la medicación y aprendiendo habilidades de organización. O tal vez se trate de esa voz interior que te regaña, o de tu lucha contra los conflictos o las decepciones, que necesitas contrarrestar o gestionar. Es hora de abordar estos problemas directamente o buscar ayuda profesional para gestionarlos.

Busca apoyo.

La terapia es una forma de apoyo, pero existen recursos menos formales. Por ejemplo, puedes intercambiar ideas con un amigo sobre tu último proyecto empresarial antes de empezar, y dejar que te dé su opinión o que te ayude a contrarrestar la impulsividad mientras diseñas el jardín. También puedes ir a una tienda de lanas o apuntarte a clases de arte comunitarias para resolver problemas con el suéter o la pintura. O simplemente puedes pedirle a un amigo que te ayude a mantener la motivación: alguien con quien hablar una vez por semana para informar sobre tu progreso o para darte ánimos cuando tengas ganas de rendirte.

Acepta el reto mayor.

Aunque tu reto actual parezca ser una relación o un proyecto, en última instancia se trata de cultivar la disciplina y la perseverancia, y de cambiar la forma en que te hablas y llevas tu vida.

¿Listo/a para aceptar el reto?

Si no es ahora, ¿cuándo?

Para encontrar un psicólogo cerca de ti, visita el Directorio de Psychology Today.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
Robert Taibbi L.C.S.W.

Bob Taibbi, Trabajador Social Clínico acreditado, tiene 45 años de experiencia clínica. Es autor de 11 libros y más de 300 artículos y provee asesorías nacional e internacionalmente.

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