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Verificado por Psychology Today

Relaciones

El estilo de apego olvidado: el apego desorganizado.

Los estilos de apego, la forma en que nos conectamos con otras personas, generalmente se desarrollan cuando somos bebés y se refinan aún más cuando somos niños, adolescentes y adultos.

Junto con el apego ansioso y evitativo, el apego desorganizado, que es el más extremo del estilo de apego inseguro, lleva la hipótesis de ser resultado de abuso y trauma en la infancia. Por ejemplo, derivado de cuando una figura de apego, un padre o cualquier persona que pueda haber tenido una mano cercana para ayudar a criar al niño, ofrece apoyo emocional inconsistente y / o abuso. Esto puede incluir abuso verbal, físico o sexual, o el niño presenciando que una figura de apego comete un acto traumatizante, como un padre golpeando a su cónyuge.

En cualquier caso, las consecuencias son dobles; el niño entiende la traición a la seguridad que ha ocurrido, y el niño entiende que un padre amado o una figura parental puede convertirse en una amenaza grave para cualquier persona en su proximidad, incluido el niño. En este punto, el niño aprende que la figura de apego (a quién ama y quién es responsable de su seguridad) también es alguien a quién temer.

Las personas que se apegan de una manera desorganizada oscilan entre dos impulsos biológicos cada vez que la oportunidad de apegarse surge en la vida: la necesidad de pertenecer (amar y conectarse con los demás) y la necesidad de sobrevivir (protegerse). Luego, particularmente en las relaciones románticas, las personas con este estilo de apego a menudo sienten miedo y ansiedad al formar relaciones íntimas y sufren de una autoimagen negativa y un diálogo interno extremadamente perjudicial. A menudo sienten una intensa soledad debido a una necesidad seria de conexión genuina, pero la respuesta al estrés y el miedo, vinculada a esa necesidad, hace que actúen de manera errática, alejando la conexión potencial.

En efecto, se ha sugerido que las personas con trastorno limítrofe de la personalidad [también] evidencia un estilo de apego desorganizado. Tienen una necesidad extrema de cercanía, miedo al rechazo y estados y comportamientos mentales contradictorios.

El dolor de aquellos con un estilo desorganizado de apego es el siguiente: ellos quieren amar. Quieren, como cualquier ser humano, ser entendidos, sentirse seguros, sentirse conectados con otra persona. Pero, el proceso es extremadamente discordante, y el desarrollo de sentimientos por otra persona puede verse empañado con más emociones negativas que positivas, incluyendo ansiedad, confusión, odio a sí mismos y dudas.

Aunque las personas con un estilo de apego desorganizado quieren conectarse, se alejan, ven signos de rechazo donde no existe ninguno, y desarrollan una profecía autocumplida: actúan de manera que se protegen del rechazo y el dolor. Por ejemplo, pueden temer cómo son percibidos, dejar de responder a una pareja potencial porque creen que serán rechazados, incluso abandonar la relación por completo para evitar un mayor avergonzamiento autopercibido, vergüenza intensa o emoción negativa; para a final de cuentas terminar la relación.

Incluso si la pareja potencial puede estar expresando un interés genuino, el comportamiento de respuesta y, a menudo errático por aquellos con apego desorganizado, como ser demasiado confiados y después repentinamente suspicaces, o ser felizmente receptivos y luego retirarse en cualquier momento, puede hacer que la pareja potencial pierda interés, lo que impone aún más las creencias negativas internas; que él o ella es no deseado e incapaz de recibir amor.

En el caso del apego desorganizado, la formación de apegos íntimos a los demás puede parecer una tarea insuperable porque cualquier nueva relación íntima formada requiere un acto tremendo y continuo de confianza que se pone delante de la pareja potencial, de la que se necesitan consistencia y tranquilidad casi constantemente.

Imaginemos, por ejemplo, un gatito, que ha sido maltratado pero es totalmente dependiente de su dueño para la comida y el refugio, no es diferente a un niño indefenso. Si se le desplaza y se coloca incluso en el entorno más seguro, también dudará en acercarse a su nuevo dueño, constantemente en alerta máxima, sintiéndose amenazado y al borde, sintiéndose satisfecho y cálido, y absolutamente aterrorizado con cada palmadita en la cabeza, actuando erráticamente sin saber qué palmadita será un golpe. No es diferente a este niño, ahora adulto, apegándose íntimamente a una nueva figura de intimidad, una pareja romántica.

Cuando se trata de las formas en que nos apegamos a los demás, nuestros estilos de apego nos han servido bien en los primeros años de vida, lo que nos permite reaccionar y adaptarnos a las situaciones a mano, asegurando, en cierto sentido, nuestra supervivencia en la edad adulta. Sin embargo, una forma desorganizada de apego puede que ya no nos sirva o sea útil para cumplir con los objetivos de nuestra vida.

Afortunadamente, aunque la literatura sobre la superación de un estilo desorganizado es escasa, hay esperanza.

Como en cualquier área de la vida, como adultos, la responsabilidad de cambiar está dentro de nosotros: lo que se necesita para desaprender los malos hábitos en el apego es tiempo, habilidades y tranquilidad; apoyo, relaciones seguras, positivas y de confianza en curso, que realmente ayuden a sanar el trauma. A pesar de entender esto intelectualmente, también toma tiempo para que las emociones y las acciones se pongan al día.

Aquí es donde la terapia puede ayudar. A través de la terapia, se crea un ambiente y relación seguros y de confianza, donde se pueden aprender habilidades como identificar, verbalizar y comunicar pensamientos y sentimientos. La terapia también puede ayudar a alguien con apego desorganizado a probar las aguas en las relaciones futuras al aprender a sentirse seguro mientras se comunica, incluyendo compartir cómo se siente, en lugar de hacer suposiciones prematuras que conducen a actuar el estilo de apego poco saludable.

Debido a que la mente puede sabotear las relaciones nuevas por autoprotección, una habilidad importante que se puede aprender a través de la terapia es impugnar el diálogo interno negativo y buscar ejemplos pasados contradictorios. Por ejemplo, porque aquellos con un estilo de apego desorganizado responden normalmente a amigos y extraños y solo reaccionan de manera desorganizada con relaciones íntimas (como se muestra en la literatura para niños), si uno cree que no es amable, pensar en amigos o compañeros de trabajo que lo valoran y por qué; es una buena manera de refutar ese pensamiento.

Finalmente, la elección de un tipo de pareja consistente, amable y confiable es también parte de los buenos hábitos de relación, que puede ayudar a formar un apego saludable. Cuanto más seguro se siente alguien dentro de una relación, más puede llegar a desarrollar un apego seguro.

A version of this article originally appeared in English.