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Verificado por Psychology Today

Autoayuda

¿Cómo puedo dejar de compararme con los demás?

Geralt/Pixabay
Fuente: Geralt/Pixabay

“Compararnos nos roba la alegría." — Theodore Roosevelt

¿Con quién te comparas con mayor frecuencia?

Si no estás seguro, intenta responder esta pregunta: ¿Con quién me he comparado en las últimas 24 horas?

Si sigues sin estar seguro, piensa en la última vez que revisaste tu Facebook o Instagram. ¿Qué actualizaciones te hicieron sentir envidia, o te hicieron sentir como si palidecieras en comparación? Por otro lado, ¿alguna publicación te hizo sentir autosatisfacción, como si fueras mejor que esa persona?

El juego -o guerra- de la comparación es tan antiguo como la humanidad misma.

Yo evito, tanto como sea posible pasar sin pensar por mis actualizaciones en redes sociales. Como parte de mi trabajo (hablo y escribo sobre bienestar, resiliencia, agotamiento y salud mental), leo los estudios que muestran que el tiempo que pasamos en redes sociales aumenta la depresión y la envidia y reduce el bienestar. Esto me motiva a usar las redes sociales solo con un propósito, eligiendo específicamente qué voy a ver e invirtiendo mi tiempo ahí en un mínimo.

Casi siempre me arrepiento de bajar mi guardia y ponerme a scrollear. Inevitablemente veré algo que me hace sentir mal conmigo misma o con mi vida, o algo más que me hace sentir celosa, como si todos tuvieran algo en sus vidas que a mí me falta (algo en lo que probablemente no estaba pensando hasta que lo vi). El otro día publiqué algo acerca de la trampa de la comparación en Facebook y un adulto mayor hizo un comentario que me provocó dolor en el corazón:

“Leer acerca de las vacaciones de todo el mundo me mata. Mi presupuesto nunca me lo ha permitido. Y estas publicaciones nunca se acaban."

Dejé de publicar fotos de mis vacaciones hace años. Tal vez esas podemos reservarlas para una audiencia limitada, como amigos cercanos y familiares que de verdad quieren verlas. Pero, antes preguntémonos si de verdad quieren verlas. Antes de mostrarle cualquier cosa a los demás, pensemos en lo que sabemos de sus vidas. ¿Cuándo fue la última vez que se fueron de vacaciones a un destino tropical? Tal vez sueñan con ir a ese lugar pero nunca han tenido (o tal vez nunca tendrán) la oportunidad. Si nos detenemos a pensarlo, resulta sorprendente cuánta gente realmente no disfruta de ver fotos de nosotros descansando junto a un mar profundamente azul, bebiendo de un coco.

De vuelta a la cita de Roosevelt sobre la manera en la que las comparaciones nos roban la alegría. Además de cultivar conciencia sobre la manera en la que sin darnos cuenta (o dándonos cuenta) provocamos comparaciones y le robamos la alegría a los demás, estudiemos cómo desperdiciamos nuestra propia alegría al dejarnos absorber por la trampa de la comparación.

Aquí hay algunos consejos:

1. Estar conscientes de, y evitar, las cosas que nos provocan envidia.

Empecemos a notar las situaciones que nos llevan al juego de las comparaciones. Como he mencionado, las redes sociales provocan eso en la mayoría de nosotros. ¿Qué hay de otras situaciones? ¿Hay alguna persona que constantemente presuma de esto o aquello o que nos haga preguntas diseñadas para hacernos sentir inferiores? ¿Hay ciertas actividades, como caminar por un centro comercial caro, o manejar por un vecindario de alta gama, que con frecuencia nos haga sentir descontentos con nuestras vidas (cuando apenas una hora antes nos estábamos sintiendo perfectamente bien)?

Intenta hacer una lista de las cosas con las que frecuentemente te comparas o que envidias. Anota cómo cada una te afecta negativamente, y por qué en realidad es una pérdida de tiempo. Decide evitarlo a la próxima. Evita todos los causantes de envidia que puedas, especialmente si esa actividad o contacto no le agregan significado ni un valor real a tu vida.

2. Recordar que el "exterior" de los demás no se puede comparar con nuestro "interior".

Este es un hábito muy útil. A menos de que seamos realmente cercanos a alguien, no podemos usar su apariencia externa para juzgar la realidad de sus vidas. La gente elige cuidadosamente las versiones de sus vidas que presenta en redes sociales, y hace lo mismo con la vida que vive en público. Probablemente todos hemos tenido una experiencia en la que nos sorprende que una pareja que parecía ser feliz y sólida anuncia que va a separarse. Nunca debemos dejar de desearle el bien a los demás, claro está, pero en caso de que su vida nos haga sentir mal sobre la nuestra, recordemos que en realidad no sabemos qué pasa a puerta cerrada.

3. Repetir tanto como sea necesario que "el dinero no compra la felicidad y nunca podrá hacerlo".

Está bien establecido que la riqueza que va más allá de tener lo básico para vivir, no se asocia con un incremento en la felicidad o bienestar. Yo solía hacer presentaciones de baile flamenco en un hotel exclusivo frecuentado por celebridades y multimillonarios, y uno de los gerentes una vez me dijo que nunca había visto a tanta gente infeliz en su vida. El dinero y las cosas brindan impulsos temporales de alegría, pero su inevitable capacidad de brindar sustento a largo plazo suele ser más decepcionante que cualquier otra cosa.

4. Agradecer lo bueno de la vida y resistirnos a las mentiras que dicen que "no es suficiente".

Si nos comprometemos a estar profundamente agradecidos por lo bueno que tenemos en nuestras vidas, y nos acordamos diariamente de ello, seremos menos vulnerables a las comparaciones y envidias. Si alguien o algo te provoca ese feo sentimiento de comparación negativa, detente y recuerda las cosas buenas que tiene tu vida en este momento. Son muchas.

5. Usar las comparaciones como motivación para mejorar lo que de verdad importa.

Esta propensión humana a querer lo que tienen los demás es una tremenda pérdida de tiempo, a menos de que lo que percibamos y "codiciemos" en los demás sea algo de valor profundo, como su generosidad o amabilidad. ¿A quién admiras? ¿Qué tipo de comparaciones podrían ser saludables para ti? Por ejemplo, conozco bien a mujeres que son esposas, amigas y madres extraordinariamente generosas y amables. Hacen una diferencia real en sus mundos, y quiero ser cada vez más como ellas. ¿Quién te inspira a vivir mejor, en maneras realmente importantes? En eso sí vale la pena invertir nuestro valioso tiempo y pensamientos.

Imagina si pudiéramos elevar el juego de la comparación a un arte útil. Dejar de ser presas de su lado oscuro, que no hace más que aumentar nuestros sentimientos de miseria y carencia en nuestras vidas. En su lugar, usemos la comparación para volvernos mejores personas y tal vez incluso hacer que nuestro pequeño rincón del mundo sea un lugar mejor.

Derechos de autor Dr. Susan Biali Haas 2018.

A version of this article originally appeared in English.