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Verificado por Psychology Today

Vida social

Cómo lidiar con insultos y desprecios

Wikicommons
Fuente: Wikicommons

Los insultos pueden ser físicos, como golpear, abofetear o escupir. Por lo general, suelen ser verbales, ya sean directos o indirectos. Los chistes y comentarios irónicos, cumplidos con doble intención, mimetismo y fascinación falsa son ejemplos de insultos verbales indirectos. Las expresiones oculares y faciales pueden sustituir al habla, y cosas como una mirada fría o constante, una sonrisa falsa o exagerada, o una ceja levantada pueden, según su intención, también contar como insultos verbales indirectos.

Todo lo anterior implica hacer activamente algo y, por lo tanto, cuentan como insultos de comisión. Pero los insultos de omisión son tan o incluso más comunes. Ejemplos de insultos de omisión son no invitar o incluir a alguien, no deferir por edad o rango y no responder a gestos amistosos, incluido el contacto visual básico.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de lidiar con todos estos insultos?

1. Ira

Esta es la respuesta más débil posible, por tres razones principales. En primer lugar, demuestra que nos tomamos en serio el insulto y, por lo tanto, a la persona que nos insulta. En segundo lugar, sugiere que hay verdad en el insulto. Y tercero, nos molesta y nos duele, lo que puede incitar a más insultos.

2. Aceptación

Esto puede parecer una respuesta muy débil, pero en muchos casos es en realidad la respuesta más fuerte de todas. Cuando alguien nos insulta, debemos considerar tres cosas: si el insulto es cierto, de quién vino y por qué. Si el insulto es cierto o en gran medida cierto, la persona que lo dijo es razonable, y su motivo es digno, entonces el insulto no es un insulto, sino una declaración de hechos y, además, una que potencialmente es muy útil para nosotros. Por lo tanto, rara vez nos ofendemos con nuestro maestro, padre o mejor amigo.

En general, si respetamos a la persona que hizo el insulto, deberíamos reflexionar sobre el insulto y aprender todo lo que podamos de él. Por otro lado, si la persona que insultó es indigna de consideración, no hay razón para ofenderse, así como no hay razón para ofenderse por un niño travieso o un perro ladrando. Así que sea cual sea el caso, no hay una buena razón para ofenderse.

3. Devolver el insulto

Hay varios problemas con devolver un insulto. En primer lugar, tiene que ser inteligente y, segundo, se nos tiene que ocurrir en el momento justo. Pero incluso si somos tan agudos como Oscar Wilde, es poco probable que un insulto ingenioso sea nuestra mejor defensa. El problema con el desprecio, por ingenioso que sea, es que tiende a igualarnos con la persona que nos insulta, elevándolo a nuestro nivel y rebajándonos al suyo. Esto le da a la persona y a su insulto demasiada credibilidad. Las respuestas ingeniosas solo se deben utilizar entre amigos y solo para sumar a la diversión. Y debe estar seguido por algo como un brindis o una palmada en el hombro. En otras palabras, solo se debe utilizar para el humor.

4. Humor

El humor es una respuesta especialmente eficaz por tres razones: socava el insulto, pone de nuestro lado al público (si lo hubiere) y dispersa la tensión de la situación. Este es un ejemplo del uso eficaz del humor. Catón el joven, el estadista romano y filósofo estoico, estaba defendiendo un caso cuando su adversario Léntulo lo escupió en su rostro. Después de limpiar el escupitajo, Catón dijo: “Juraré a cualquiera, Léntulo, que la gente se equivoca al decir que no puede usar su boca”.

A veces, incluso podría ser apropiado exagerar o sumar al insulto para burlarse de la persona que nos insulta y, por extensión, del insulto: “¡Ah, si te hubieras molestado en conocerme mejor, habrías encontrado una mejor crítica”

5. Ignorar el insulto

Una desventaja del humor es que requiere pensar rápido. Por el contrario, ignorar el insulto es más fácil y, de hecho, más poderoso. Un día, un hombre grosero golpeó a Catón mientras estaba en los baños públicos. Cuando el grosero se dio cuenta de que era Catón a quien había golpeado, fue a disculparse. En lugar de enojarse o aceptar sus disculpas, Cato respondió: “No recuerdo que me hayan golpeado”. Subtexto: “Es tan insignificante que ni siquiera me importa registrar su disculpa y mucho menos ofenderme por su insulto”.

En conclusión, nunca debemos ofendernos por un insulto. La ofensa no existe en el insulto, sino en nuestra reacción a este y nuestras reacciones están completamente bajo nuestro control. No es razonable esperar que una persona grosera pueda llegar a ser algo más que una persona grosera. Si nos ofendemos por su mal comportamiento, solo nosotros tenemos la culpa.

Reconocimiento: Las ideas y los ejemplos principales en este capítulo son de A Guide to the Good Life: The Ancient Art of Stoic Joy de William Irvine.

Neel Burton es autor de Hypersanity: Thinking Beyond Thinking, Heaven and Hell: The Psychology of the Emotions, y otros libros.

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Neel Burton
Fuente: Neel Burton
A version of this article originally appeared in English.