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Verificado por Psychology Today

Economía conductual

Cómo las trampas cognitivas hacen que sea más difícil dejar ir nuestras cosas

Existen tres razones por las que su cerebro hace que sea difícil ordenar su casa y deshacerse de las cosas que no necesita.

Ann Kathrin Bopp/Unsplash
Fuente: Ann Kathrin Bopp/Unsplash

Tómese un momento para pensar en las pertenencias que raramente utiliza, entre todos sus muebles, ropa, electrónicos, utensilios de cocina, baratijas y todo lo demás, ¿cuántas están de sobra?

Para muchos de nosotros, la respuesta suele ser “muchas”. Y, como lo demuestra el éxito de Marie Kondo y su programa “la magia de ordenar”, deshacerse de estas posesiones excesivas tiende a ser una experiencia positiva para la gente de todo el mundo. Pero si bien la reducción y simplificación de sus pertenencias proporciona una alegría prolongada para muchas personas, dejar ir nuestras cosas sigue siendo sumamente difícil para muchos de nosotros.

¿Por qué nuestros cerebros son tan resistentes a regalar, vender o tirar lo innecesario? Sin duda, el apego emocional juega un papel importante. También existe una preocupación de que nos podríamos deshacer de algo que después tendremos que volver a comprar y un deseo de evitar el despilfarro. Sin embargo, constantemente somos víctimas de trampas y sesgos del pensamiento que nublan nuestro juicio sobre lo que vale la pena mantener a nuestro alrededor.

Aquí presentamos tres trampas cognitivas que hacen más difícil deshacernos de nuestro desorden y maneras de aprovechar este conocimiento para eliminar las cosas innecesarias.

1. El efecto dotación significa que sobrevaloramos nuestras posesiones. El efecto dotación es la idea de que las personas asignan más valor a las cosas una vez que las poseen. En un famoso experimento, unos investigadores le dieron a estudiantes universitarios tazas de café y luego les ofrecieron la oportunidad de venderlas a otros estudiantes. Los nuevos dueños de las tazas de café valoraron sus tazas mucho más que aquellos que no las tenían, e incluso intentaron venderlas al doble de lo que los estudiantes sin taza estaban dispuestos a pagar por una.

Es fácil ver cómo este efecto juega un papel importante en nuestras propias vidas, haciéndonos más propensos a aferrarnos a nuestras pertenencias simplemente porque las poseemos. La buena noticia es que entender cómo funciona el efecto dotación, puede facilitar la decisión de deshacernos de cosas innecesarias. Podemos empezar con un sencillo ejercicio mental: Observamos algunas de nuestras pertenencias y nos preguntamos por cuánto las vendereríamos. Luego, nos preguntamos cuánto estaríamos dispuestos a pagar por el mismo objeto. La diferencia puede ser impactante y es una poderosa herramienta para ayudarnos a desapegarnos de nuestras posesiones menos importantes.

2. La falacia de los costos hundidos significa que nos quedamos con las cosas que no usamos. Imagina que compras un producto nuevo y caro de cuidado personal, lo traes a casa y lo pruebas solo para darte cuenta de que lo odias. El producto no puede ser devuelto. Probablemente deberías regalarlo, pero una parte de tu cerebro te dice que como era caro, deberías conservarlo, por si acaso. Pasan los años y el producto se queda en su estante, ocupando espacio pero sin usarse nunca.

Este es un excelente ejemplo de la falacia de costos hundidos: nuestra incapacidad para ver que ciertos gastos simplemente se pierden y nunca se recuperan. En este caso, no hay manera de recuperar el dinero que se gastó en el producto. Sin embargo, en lugar de deshacernos de él y olvidarlo, lo conservamos para siempre.

Al comprender mejor los costos hundidos, podemos deshacernos más fácilmente de las cosas que conservamos tan solo por el hecho de que eran caros o difíciles de obtener. La clave es entender que el dinero, el tiempo u otros recursos que agotamos para obtener estos artículos se han ido para siempre.

Cuando se trata de decidir a qué aferrarse, lo mejor es olvidarse de estos costos y decidir si tenemos otras razones para mantener esas cosas con nosotros. Si la respuesta es no, probablemente sea momento de despojarnos del objeto.

3. El efecto IKEA significa que damos un valor añadido a las cosas que ayudamos a crear. El efecto Ikea es probablemente uno de los sesgos cognitivos mejor nombrados. Se refiere al hecho de que valoramos demasiado las cosas que ayudamos a construir y está relacionado con la falacia de los costos hundidos descrita arriba. En el estudio en cuestión, los investigadores pidieron a los participantes construir unos muebles de IKEA. Después de que los muebles fueron ensamblados, los participantes estaban dispuestos a gastar considerablemente más dinero para comprar los muebles que construyeron en comparación con los mismos muebles IKEA ensamblados por otra persona.

La relevancia de estos datos es evidente para todos los que tenemos o hemos tenido muebles de IKEA, pero también es importante para cualquier otra persona. El punto es que tendemos a valorizar cualquier cosa en la que hayamos trabajado nosotros mismos. Esto nos puede traer problemas si estamos constantemente reparando o remendando nuestras pertenencias, cuando lo mejor sería dejarlas ir.

Ciertamente, no hay razón para empezar a deshacerse de todo lo que ayudamos a construir o de todas las cosas en las que hemos trabajado en casa. Sentirnos orgullosos por nuestro trabajo es algo bueno. La idea importante es que podemos quedarnos atascados aferrándonos a cosas que sobran simplemente porque hemos tenido la oportunidad de crearlas. Entender que si estás guardando algo debe ser porque agrega valor a tu vida y no porque simplemente trabajaste en él proporciona una comprensión de lo que vale la pena y lo que no vale la pena mantener.

Imagen de Facebook: Roman Samborskyi/Shutterstock

A version of this article originally appeared in English.