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Verificado por Psychology Today

Bernard Golden, Ph.D.

Cómo interactúa el alcohol con la ira

Varios factores afectan el potencial de excitación de la ira con el consumo de alcohol.

Los puntos clave

  • La investigación muestra que el 30 por ciento de la mortalidad causada por la violencia es atribuible al alcohol.
  • El alcohol inhibe la actividad de la corteza prefrontal, lo que afecta el razonamiento, el control de los impulsos y la regulación emocional.
  • La investigación ha demostrado que la supresión del pensamiento puede contribuir a la agresión relacionada con el alcohol.
  • La forma en que interactúan la ira y el alcohol debe abordarse en los programas de tratamiento del alcohol, así como en la psicoterapia.

Cuando le pregunté a mi paciente Raúl que lo llevó a buscar mi ayuda, me dijo: “Fui a un bar con algunos amigos. Sabía lo que estaba haciendo. Bebí hasta emborracharme. Elegí a un tipo, solo un tipo cualquiera, para comenzar una pelea".

Muchas personas disfrutan de las bebidas alcohólicas como una forma de relajarse, a veces para reducir la tensión de socializar o para aquietar una mente hiperactiva. Algunas se vuelven más suaves, otros más extrovertidas. Algunas se ponen tristes o nostálgicos. Por el contrario, el consumo de alcohol de algunas personas contribuye a su ira, hostilidad e incluso agresión. Raúl ofreció un ejemplo más extremo de este tipo de interacción. En su caso, ya estaba predispuesto a la excitación de la ira antes de tomar su primer trago.

He observado este patrón durante varias décadas de mi carrera ayudando a los clientes a lidiar con la ira. Esta interacción tiene mucho sentido. El alcohol, como la fatiga, la disminución del sueño, el estrés y ciertas drogas, inhibe la activación de la corteza prefrontal, esa parte de nuestro cerebro responsable de resolver problemas, juzgar y supervisar y manejar las emociones. Este aspecto desinhibidor del alcohol allana el camino para que los sentimientos dominen los pensamientos y la conducta.

La Organización Mundial de la Salud informó que el consumo de alcohol está más estrechamente asociado con el comportamiento agresivo que cualquier otro tipo de sustancia psicotrópica (Beck y Heinz, 2013). Además, informaron que el 30 por ciento de la mortalidad causada por la violencia es atribuible al alcohol (OMS, 2009).

123rf Stock Photo/thevisualsyouneed
Angry intoxicated man
Source: 123rf Stock Photo/thevisualsyouneed

El consumo de alcohol puede servir como una distracción de una variedad de sentimientos negativos, incluida la ira. Y con demasiada frecuencia, como en el caso de Raúl, refleja el desplazamiento, dirigiendo la ira hacia un objetivo que no es la fuente de la ira original de un individuo. Bajo la influencia del alcohol, aquellos que ya están predispuestos a la ira pueden desahogarse o, lo que es más grave, dirigir su ira hacia un objetivo que podría ser experimentado como menos amenazante que el objetivo original.

Identificar los factores que pueden contribuir a un aumento de la ira al consumir alcohol es importante para las personas que tienen problemas de ira y para quienes los tratan. Cada vez más, la investigación ofrece respuestas para determinar esta interacción.

La personalidad y la propensión hacia la agresividad con intoxicación

La investigación ha explorado la asociación de ciertos rasgos de personalidad con la vulnerabilidad de enojarse al consumir alcohol. En uno de estos estudios, se les pidió a 15,701 personas, incluidos hombres y mujeres, que completaran cuestionarios sobre rasgos de personalidad, ira-hostilidad, consumo de alcohol y violencia (Jones et al., 2020). Se encontró que la amabilidad se asoció inversamente con la violencia en ambos sexos.

El alcohol se asoció con el once por ciento del efecto para los hombres, pero no mostró asociación con las mujeres. La ira-hostilidad se asoció con la violencia en ambos sexos, pero el alcohol solo se asoció significativamente con el impacto para los hombres. La extroversión se asoció con la violencia y el consumo de alcohol tanto en hombres como en mujeres. La conclusión fue que la reducción del consumo de alcohol en los hombres, que son desagradables y tienen rasgos de ira/hostilidad, tendría un efecto pequeño pero significativo en la reducción de la violencia.

Otro estudio exploró la relación entre el trastorno de estrés postraumático (TEPT), el consumo de alcohol y la violencia (Blakey et al., 2018). Este fue un estudio masivo de 33,215 personas sin antecedentes de combate militar activo. Un aumento de la ira después de un trauma y el uso de alcohol para hacer frente a los síntomas de TEPT fueron predictores más fuertes de actos físicamente agresivos o violentos que un diagnóstico de por vida de TEPT sin ira.

Un estudio anterior encontró que el consumo de alcohol aumentaba la agresión principalmente entre las personas que mostraban una mayor disposición a tal comportamiento (Eckhardt y Crane, 2008). Evaluaron a 70 participantes que se dividieron en dos grupos. Uno consumió alcohol y el otro un placebo. Se les indicó que participaran en una tarea con el potencial de desencadenar verbalizaciones agresivas, y aquellos que consumían alcohol mostraban un comportamiento significativamente mayor.

Un estudio más reciente de 249 bebedores empedernidos, hombres y mujeres, con antecedentes de violencia de pareja íntima en el último año, encontró que la intoxicación aguda por alcohol moderó el impacto del consumo problemático de alcohol en un sesgo de atención hacia la ira (Massa et al., 2019). Específicamente, encontró que los bebedores problemáticos pueden ser más propensos a atender estímulos agresogénicos mientras están intoxicados, es decir, es más probable que experimenten ciertas señales como agresivas.

Se ha investigado que la rigidez mental y el consumo de alcohol contribuyen a la violencia doméstica. Uno de estos estudios incluyó a 136 hombres con antecedentes de violencia de pareja (VPI) (Estruch, 2017). Los individuos que tenían mayor rigidez mental tenían menor empatía y percepción de la gravedad de la VPI. Además, informaron un mayor consumo de alcohol y sexismo hostil que aquellos con menor rigidez mental.

Otro estudio de 249 bebedores empedernidos encontró de manera similar que la intoxicación por alcohol predijo niveles más altos de IPV en aquellos que informaron una baja flexibilidad psicológica (Grom et al., 2021).

La investigación ha demostrado que la supresión del pensamiento puede contribuir a la agresión relacionada con el alcohol. Un estudio que respalda este hallazgo reclutó a 245 hombres con antecedentes de consumo excesivo de alcohol episódico (Berke et al., 2020). Completaron encuestas para evaluar su respaldo a las normas masculinas tradicionales, el uso de la supresión del pensamiento y la agresión relacionada con el alcohol y con los rasgos. Se encontró que la supresión del pensamiento mediaba la asociación entre la norma masculina de dureza y la agresión relacionada con el alcohol.

El impacto del enojo en la restricción de la percepción y en la evaluación

Algunos estudios destacan el deterioro que causa el consumo de alcohol en el procesamiento de rostros emocionales. Uno de estos estudios involucró a una muestra de 85 bebedores sociales que fueron descritos como de rasgo de ira bajo o alto en función de sus respuestas al índice de expresión de ira del Inventario de expresión de ira de rasgo estatal-2 (STAXI-2) (Eastwood et al., 2020). Primero consumieron alcohol y se les pidió que reconocieran las emociones de diferentes rostros en una tarea de computadora. Específicamente, exhibieron una capacidad reducida para detectar la tristeza y el miedo y una tendencia reducida a ver la felicidad. Si bien el estudio no apoyó una diferencia significativa entre los grupos de alta y baja ira, estos resultados apoyan la idea de que tal deficiencia en el reconocimiento facial puede contribuir a una respuesta agresiva.

Otro estudio que exploró el impacto del consumo de alcohol en el reconocimiento facial encontró que las personas con trastorno por consumo de alcohol mostraban un sesgo hacia la identificación errónea de las expresiones faciales emocionales como hostiles o disgustadas (Freeman et al., 2018). Curiosamente, los del grupo de control tendían a identificar erróneamente las expresiones como felices.

La falta de consideración de las consecuencias futuras y su impacto en la agresión

Los investigadores evaluaron el hecho de no considerar las consecuencias futuras como un factor de riesgo significativo para la agresión (Bushman et al., 2012). En este estudio, 495 bebedores sociales fueron asignados a un grupo que consumió alcohol o un grupo placebo. También se les pidió que respondieran a la escala de consideración de consecuencias futuras (CCF). Se descubrió que aquellos con puntuaciones más bajas se volvieron significativamente más agresivos que aquellos que tenían puntuaciones más altas en el CCF. Los hallazgos se explicaron enfatizando que la preocupación por el futuro implica mayores recursos de la corteza prefrontal que ayudan a inhibir el impacto excesivo del alcohol.

Con el tiempo, Raúl llegó a comprender mejor los factores que contribuían a su forma de beber, incluida su ira y una mayor agresión al beber. La terapia lo ayudó a reconocer cómo las heridas pasadas contribuyeron a su vulnerabilidad a la ira y al consumo de alcohol. Después de mucha consideración, finalmente se unió a un programa de tratamiento contra el alcohol mientras lo ayudaba a afligir sus heridas y controlar su ira.

Los programas de manejo de la ira y tratamiento del alcohol deben reconocer y educar a los participantes sobre las relaciones entre el alcohol y la ira. Es igualmente importante que los psicoterapeutas resalten esta interacción tanto con los clientes que consumen alcohol como con aquellos que tienen una relación con ellos. Además, esta información también debería enseñarse en las escuelas para ampliar su comprensión y, con suerte, reducir la prevalencia de la agresión relacionada con el alcohol.

A version of this article originally appeared in English.

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