Skip to main content

Verificado por Psychology Today

Relaciones

5 Señales de problemas en la relación que nadie debería ignorar

En retrospectiva, es fácil ver por qué un matrimonio o relación falló. Pero hay señales en el camino que los expertos conocen, y tú deberías conocerlas también.

"Sabía que mi matrimonio estaba fracasando, pero no sabía cómo solucionarlo. Quince años después, mucho de lo que alguna vez tuvimos estaba tan erosionado que no había ninguna forma real de recuperarlo. Creo que los dos estábamos cansados de discutir, de la relación, y el uno del otro."

Hace algunos años, una sabia terapeuta llamada Susan, que se dedicaba principalmente a la asesoría de parejas, me confió una triste verdad mientras hablábamos sobre si la terapia conjunta con mi entonces marido funcionaría. Ella sacudió la cabeza y luego continuó: "La realidad es que es relativamente raro que la terapia funcione, porque la gente espera demasiado tiempo. La terapia generalmente se ve como un último esfuerzo para salvar el matrimonio, y tampoco se acuerda siempre de buena fe. Un esposo o esposa puede acceder simplemente porque quiere dar la impresión de ‘haberlo intentado todo.’ Para el momento en que hacen una cita conmigo, el matrimonio ha estado fallando durante años. Y es demasiado tarde. Para esas parejas, mi oficina está a solo una parada de distancia del abogado de divorcio.”

Jan Faukner/Shutterstock
Fuente: Jan Faukner/Shutterstock

Los comportamientos que son señales de advertencia

El experto en relaciones John Gottman ha afirmado durante mucho tiempo que puede predecir con éxito si un matrimonio va a durar al analizar la ausencia y presencia de ciertos comportamientos clave que él llama “Los cuatro jinetes del Apocalipsis.” Estos son desde su punto de vista, la crítica, el desprecio, la defensividad, y construir un muro. Él define la crítica como algo separado de la queja, ya que la crítica es altamente personalizada y acusatoria; digamos que estás molesto con tu cónyuge por dejar las ventanas de la sala de estar abiertas cuando había pronóstico de lluvia y las cortinas se empaparon. En lugar de abordar el problema, comienzas con una letanía de sus defectos, con las palabras “tú siempre” o “tú nunca.” El desprecio incluye responder a las palabras o pensamientos de tu pareja con gestos que la menosprecian o se burlan de ella, o ser verbalmente abusivo insultándola o asaltar al otro con una letanía de “defectos” de carácter. Esto no es solo un juego de poder y altamente manipulador; transmite lo poco que respetas a una persona que se supone que debes amar y te importa. La defensividad es justo lo que parece: tomar una postura defensiva, negar la responsabilidad, jugar al ojo por ojo o poner excusas para tus palabras, comportamientos o acciones. Por supuesto, si la crítica y el desprecio ya son parte del paisaje, la defensiva puede ser la única manera de protegerse del abuso. Estos tres jinetes tienden a aparecer juntos. Por último, está construir un muro que es quizás el más dañino de los cuatro, ya que señala el fin del diálogo y la comunicación. Quienes hacen esto -de acuerdo con Gottman, son los hombres el 85 por ciento del tiempo - comunican su desdén cruzando sus brazos y no se dignan a responder, y señalan su suficiencia con la frialdad de su mirada. Es el último bloqueo emocional y es probable que provoque una respuesta emocional descomunal en la pareja.

Cuanto más se vuelven habituales estos comportamientos, más problemas se encuentran en la relación. Por lo tanto, es muy importante que busques el consejo de un terapeuta matrimonial cuando aparezcan por primera vez. El tiempo es esencial.

Comprender la demanda / retirada: El patrón más tóxico de todos

Sí, este es el punto de la muerte para las relaciones, y notarás que todos los comportamientos catalogados por John Gottman en realidad encajan en este patrón más grande. Se ha estudiado con la suficiente frecuencia que no es solo un poderoso predictor de divorcio, sino que también se asocia con la depresión, el abuso físico y los síntomas de salud mental de los adultos jóvenes, según una revisión de metaanálisis realizada por Paul Schrodt y sus coautores.

Este patrón de demandar/retirar proporciona una fotografía instantánea de una relación que se ha roto irremediablemente, o está en proceso de hacerlo. Una pareja hace una demanda - la mayoría de las veces la mujer, pero no siempre, según la investigación - y es respondida por la retirada o construcción de una pared. Vale la pena decir que la mayoría de los teóricos creen que el hecho de que la mujer esté más a menudo en la posición de "demanda" tiene que ver con la socialización. El problema con este patrón es que tiene una escalada incorporada. La persona que hace la demanda siente que es legítima y subirá la apuesta cuando sea recibida con silencio, mientras que la persona que se retira solo se sentirá más acosada y atacada. Es importante destacar que cada persona se siente victimizada y es probable que justifique su respuesta. Sí, amigos, bienvenidos al carrusel del cual no te puedes bajar.

¿Cómo influyen las experiencias de tu infancia y las de tu pareja?

No todas las personas caen en los patrones destructivos descritos por John Gottman, y hay investigaciones que atestiguan quiénes tienen más probabilidad de que su matrimonio o relación sea derribado por este patrón: aquellos cuyas necesidades emocionales fueron satisfechas en la infancia y tienen estilos de apego inseguros. Esto no debería ser una sorpresa total, ya que las personas con apego seguro son capaces de regular sus emociones y se sienten cómodas articulando sus propias necesidades; también es más probable que elijan parejas que tengan las mismas habilidades. Eso simplemente no aplica para aquellos que muestran uno de los tres estilos de apego inseguros: ansioso-preocupado, temeroso-evitante, o desdeñoso-evitante. (Mi nuevo libro, Detox para las Hijas, explora completamente cómo tu estilo de apego afecta tanto tu elección de pareja como tus relaciones.)

Nuestras experiencias en la infancia afectan no solo nuestra necesidad y tolerancia a la intimidad, sino también nuestra capacidad de participar en una discusión sin sentirnos amenazados; esto es especialmente cierto para aquellos que tienen un estilo de apego evitativo. Un estudio realizado por Robin A. Barry y Erika Lawrence encontró que los maridos con apego evitativo se retiraban en proporción directa a la cantidad de afecto negativo expresado por sus esposas en situaciones de demanda. Esto aplicó tanto en situaciones de conflicto como en aquellas que requerían que el esposo mantuviera y cuidara a su cónyuge. Del mismo modo, los maridos con apego evitativo que percibían las discusiones sobre la solución de problemas en el matrimonio como potencialmente destructivas tenían muchas más probabilidades de retirarse y desengancharse. Pero el estilo ansioso preocupado que muchas hijas no queridas muestran, también puede proporcionar el combustible para este patrón tóxico. Al estar siempre en la búsqueda de la tranquilidad de que son de hecho amadas y valoradas - e inclinadas a ser hipervigilantes ante posibles amenazas - sus demandas bien pueden parecer aspirar el oxígeno de la habitación y pueden hacer que sus parejas se retiren bajo lo que se siente como un asedio.

Cinco señales de alerta que no debes ignorar

En cada relación que tiene problemas, hay un punto de no retorno que, desafortunadamente, solo se puede ver en retrospectiva. Los siguientes son algunos consejos completamente anecdóticos extraídos de mi propia experiencia y las de los demás; no soy ni terapeuta ni psicólogo. Una vez más, trabajar con un consejero tiene que suceder más temprano que tarde.

1. Tú y/o tu pareja se evaden mutuamente.

Esto puede ser literal o metafórico como por ejemplo, asegurándote de no estar en condiciones de tener una conversación en privado, sacando un teléfono celular, recordando un mandado que tienes pendiente cuando tu pareja quiere hablar, o cambiar tu horario para que haya poco tiempo cara a cara. Tú o tu pareja pueden racionalizar esto como “bajar la temperatura” o “mantener la paz,” pero si realmente esperas salvar la relación, necesitas dejar esto.

2. Cada conversación e interacción se intensifica.

Caminar sobre fragmentos de cristal no es saludable, y cuando lo mezquino comienza a dominar, -quién puso gasolina al auto por última vez, quién no se fijó que ya nos quedamos sin huevos- estás en problemas, al igual que tus hijos, si los tienes. Cuando te encuentras irritado por los hábitos familiares de tu pareja, la relación está en aguas profundas.

3. Uno o ambos dejan de discutir decisiones u opciones importantes.

Una mujer que conozco finalmente se dio cuenta de lo mal que se habían puesto las cosas cuando supo que su esposo de seis años había solicitado un trabajo en otra ciudad sin decírselo; él, sin embargo, se lo había mencionado a un vecino. Comenzar a pensar en ti mismo como soltero no es un signo de independencia en este contexto.

4. Tú o tu pareja muestran cambios en el comportamiento.

Si tú o tu pareja tienen dificultades para hablar de sus sentimientos directamente o incluso identificarlos, la profundidad de la infelicidad de alguien a veces se comunica de forma no verbal a través de cambios en los comportamientos. ¿Estás distraído la mayor parte del tiempo y casi ignorando a tu cónyuge, centrándote en objetivos personales que no tienen nada que ver con tu matrimonio? ¿Tu pareja parece distante y preocupada? ¿Tú o ambos están evitando el contacto físico?

5. Tú o tu pareja dejan en claro que están “hartos” de hablar.

Esto es a la vez manipulador y un juego de poder, e igualmente podría llamarse el momento del "guante": lo tomas o lo dejas. No importa lo esperanzado que estés en obtener una resolución, realmente necesitas tomarle la palabra a tu pareja, porque es en verdad una declaración de que él o ella no tiene absolutamente ninguna intención de cambiar. Punto.

Si una relación puede ser rescatada depende de ambos, así como de hacerlo a tiempo.

Derechos de Autor © 2018 Peg Streep

A version of this article originally appeared in English.