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Verificado por Psychology Today

Terapia

10 maneras de saber si un terapeuta es bueno

No es difícil encontrar una buena terapia, si sabemos lo que estamos buscando.

Olimpik/Shutterstock
Fuente: Olimpik/Shutterst

Se han desarrollado muchos enfoques hacia la terapia en las décadas desde que Freud empezó sus experimentos con "la cura parlante". La psicoterapia actualmente tiene muchas variedades: El psicoanálisis sondea el inconsciente; la conductual reacomoda las contingencia de refuerzo; un terapeuta cognitivo retará nuestros pensamientos irracionales; el humanista proporcionará un lugar seguro dentro el cual podamos activar nuestras tendencias de auto actualización; los existencialistas nos alentarán a encontrarle significado al desierto de la existencia; un terapeuta de realidad nos guiará para elegir comportamientos que faciliten nuestra conexión con los demás; una terapia feminista nos mostrará como nuestros problemas personales pueden ser manifestaciones de la opresión patriarcal, y así podríamos seguir y seguir.

En esta rica y variada ecología, no hay una sola teoría terapéutica que tenga un monopolio en cómo curar. Dependiendo del contexto particular, cuándo, d´´onde, cómo y con quién se use, puede que múltiples enfoques, explicaciones e intervenciones podrían resultar efectivas y útiles, o, por otro lado, podrían resultar ser inefectivas y perjudiciales. Considerando esto y la interminable colección de opciones, ¿cómo podemos diferenciar entre una buena terapia y una mala?

Bueno, como todos los vinos que, a pesar de la gran diversidad en sabores, precios y presentaciones, comparten el mismo ingrediente (uvas), pasa con la terapia: Debajo de la superficie de diversidad, todas las terapias buenas comparten varios principios subyacentes. Estos factores comunes son efectivamente responsables para la mayor parte de la sanación que se lleva a cabo en terapia.

Hice una lista (basada en mis propias lecturas de la investigación y mi experiencia clínica) de 10 ingredientes básicos y comunes de una buena terapia:

1. Una buena terapia no es amistad.

Hay muchas diferencias entre la amistad y la terapia. Primero, puede que tengamos múltiples relaciones con nuestros amigos. Podemos iniciar negocios con ellos, pedirles dinero prestado, tener sexo con ellos. Con un terapeuta, solo podemos hacer terapia. Un terapeuta puede ser amigable pero no es nuestro amigo. Si es nuestro amigo, entonces no es nuestro terapeuta.

En segundo lugar, la amistad no necesita tener un plan, meta o propósito para existir. Podemos pasar el tiempo con amigos por ninguna otra razón que porque lo disfrutamos, estamos acostumbrados o no tenemos nada mejor que hacer. No pasamos el tiempo con un terapeuta. La terapia tiene un propósito y es pragmática, avanza deliberadamente hacia una o más metas negociadas mutuamente. La terapia no es un fin en sí misma.

En tercer lugar con nuestros amigos tenemos una posición equitativa en todos los encuentros. Nuestros intereses, necesidades y preocupaciones son tan importantes como las preocupaciones y problemas de nuestros amigos. La terapia no es así. Es unilateral desde el inicio; se trata del cliente. Cada acción del terapeuta puede dirigirse legítimamente hacia una meta: ayudarle al cliente. El terapeuta no puede usar el tiempo de terapia, o las relaciones de terapia para cuidar de sus propias necesidades. Si el terapeuta usa el tiempo de la terapia para cualquier propósito que no sea ayudarnos, entonces lo que están haciendo no es una buena terapia.

2. Una buena terapia está basada en evidencias.

Una buena terapia involucra mantener buenos registros, conectar anécdotas con patrones, generar hipótesis y probarlas. Una buena terapia es responsiva a nuevos conocimientos. Admite y corrige errores. Mientras que una buena terapia busca fomentar la esperanza y nutrir la expectativa de cambio, sus promesas están ligadas a hechos. Si un terapeuta garantiza éxito o promete cambiar nuestra personalidad, es momento de alejarse.

La buena terapia es un arte, como es un encuentro humano intencional, y como tal dinámico de manera inherente, creativo y único. Pero el arte de una buena terapia debe alinearse con la ciencia de manera que el arte del diseño arquitectónico esté alienado con los principios de buena ingeniería. Lo que le sugiere un terapeuta a su cliente, el curso de acción, las explicaciones y las intervenciones, deberían estar basadas en investigaciones científicas siempre y cuando dichas investigaciones existan. Una buena terapia no contradice o ignora buenos datos científicos, conocimiento o evidencias. Una buena terapia no contradice o ignora los datos duros o evidencias científicas. Una buena terapia reconoce una simple verdad, simple pero no sencilla, que la evidencia siempre gana al final.

3. Una buena terapia afirma el valor y dignidad humana básica del cliente.

Una buena terapia busca facilitar una salud mental completa. Sin embargo, la salud mental no es un destino, no es un fin en sí misma, no es un lugar al que llegamos como si fuera El Dorado. En su lugar, la salud mental es un proceso que adoptamos y usamos en persecución de nuestras metas. En otras palabras, la salud mental es nuestra habilidad motora, no el destino del viaje. El terapeuta, por lo tanto, no es un chófer, es un instructor de manejo.

Una buena terapia se ocupa de los juicios, pero no se trata de juzgar gente, de la misma manera en la que la iglesia debe preocuparse por sus finanzas, pero no debería tratarse de dinero. La mayoría de la gente que va a terapia ya ha tenido suficiente de juicios crueles por parte de sí mismos, sus allegados, parejas, jefes, vecinos y, con frecuencia, la sociedad entera. También les han dado ya muchos consejos. Por lo tanto, a diferencia de los terapeutas que vemos en los medios, los buenos terapeutas dan pocos consejos y menos juicios. Mayoritariamente, eso no es lo que la gente busca de una terapia. Lo que buscan es una experiencia, una experiencia curativa y correctiva. Lo que requieren es comprensión, entendimiento, atención, aceptación y aliento.

Tal como un cirujano tiene el deber de operar sin importar la ideología, carácter moral, riqueza o etnicidad de un paciente, así un terapeuta debe aceptar, escuchar y tratar de entender, responder apropiadamente a y honrar la humanidad de cada cliente, sin importar qué tanto le "agrade" o apruebe del individuo. Y no hace falta decirlo pero una buena terapia no es condescendiente, abusiva, descuidada, manipuladora, mentirosa o engañosa.

4. Una buena terapia incita y modela una comunicación y retroalimentación honesta, precisa y oportuna.

Los videojuegos son sumamente populares. Una de las razones es porque la gente que juega mucho puede mejorar mucho. Mejoran porque el ambiente del videojuego proporciona retroalimentación precisa, consistente, oportuna y directa: Matas al malo, avanzas al nivel 2; el malo te mata, repites el nivel 1. De manera similar, los clientes mejoran cuando reciben retroalimentación precisa y oportuna en terapia.

Muchos de nuestros encuentros con persona fuera de la sala de terapia son superficiales, prudentes y con atención a los buenos modales. En muchos casos tienen un toque de engaño o están plagadas por la falta de atención. Nuestras comunicaciones en el mundo con frecuencia buscan ocultar en lugar de revelar nuestras verdaderas intenciones, evitar la verdad en lugar de confrontarla. Solemos tener miedo de decir lo que de verdad sentimos y pensamos; tememos lastimar y ser lastimados, tememos que nuestros secretos saldrán a la luz y se utilizarán en nuestra contra. La verdad podrá liberarnos. Pero más que querer ser libres, queremos pertenecer y llevarnos bien, porque así es como sobrevivimos y nos mantenemos a salvo. ¿Qué es el derecho a la privacidad si no el derecho de retener información, mantener una distancia entre cómo nos presentamos a nosotros mismos y quienes somos en realidad, el derecho de mantener nuestras verdades privadas? Allá afuera, en el mundo social, la verdad puede ser peligrosa.

La verdad no es peligrosa en una nueva terapia. La terapia crea un espacio que invita, espera y está diseñada muy a propósito para diálogo revelador, penetrante y franco. Es un espacio seguro para que los clientes se expresen con honestidad, para entender sus verdaderos sentimientos y trabajar con el terapeuta para entender cómo usar esa información en su camino hacia la sanación.

5. Buena terapia = una buena alianza terapéutica.

Generalmente, la mejor manera de predecir el éxito en una terapia es la química, sentimientos de confianza y respeto entre los participantes; una alianza terapéutica. Cuando no hay química, no hay terapia. Por lo tanto, mientras que un terapeuta podría verse bien en papel, con experiencia y un buen entrenamiento, si al conocerlos (durante las primeras sesiones) no hay buena química, confianza o calidez, entonces probablemente lo mejor (para ambos) sería seguir adelante.

6. Una buena terapia alienta la independencia y competencia del cliente.

Si el proceso de terapia no está avanzando hacia mejorar la resiliencia, independencia, toma de decisiones y competencia en la vida del cliente, entonces no se está llevando a cabo terapia. Si la admiración hacia el terapeuta incrementa a la par del auto cuestionamiento, entonces probablemente no es una buena terapia. Una buena señal de que una terapia está al borde del fracaso, o de una terapia que no es legítima es cuando la dependencia hacia el terapeuta aumenta con el tiempo. La terapia no se trata de regalar soluciones a los problemas; se trata de enseñarle al cliente a resolver los problemas.

7. Una buena terapia considera el historial y biografía del cliente.

Algunos enfoques de terapia trabajan mayoritariamente con el aquí y el ahora, o en el futuro, mientras que otros se enfocan principalmente en re visualizar experiencias pasadas. En cualquiera de las modalidades, una buena terapia siempre tiene espacio para la biografía. El pasado no es la única llave, pero con frecuencia es una de las llaves necesarias para acceder al presente. Puede que no nos enfoquemos en eso, pero debemos reconocerlo. Todos venimos de algún lado. Y de dónde venimos tiene implicaciones sobre el lugar en el que estamos y quiénes somos. La biografía de una persona crea un mapa de su campo de experiencia; es un contexto dentro del cual su comportamiento puede entenderse de manera útil. El pasado no necesariamente determina el presente, pero sin duda lo influye. E influye en una buena terapia.

8. Una buena terapia toma en consideración la experiencia subjetiva del cliente y su mundo interno.

La gente experimenta la vida a través de sus sentidos. Nuestras experiencias sensoriales individuales, aunque arraigadas en el territorio común de nuestra herencia evolutiva, toman forma gracias a nuestra composición genética y experiencias de vida, y ambas son únicas. Por lo tanto, mientras que en cierto nivel estamos en esto juntos, en otro, parafraseando a Lilly Tomlin, estamos solo en esto. Lo que quiere decir que la manera en la que yo represento y proceso los fenómenos del mundo probablemente es muy diferente a como lo hacen los demás. Los buenos terapeutas saben que para entender al cliente deben entender su experiencia subjetiva. No solamente las circunstancias sino lo que esas circunstancias significaron. Una buena terapia tiene curiosidad sobre la gramática interna de su cliente. Una buena terapia honra, traza mapas y trabaja dentro de la experiencia subjetiva del cliente. En otras palabras, una buena terapia acepta que mientras, por ejemplo, nuestra madre es probablemente una persona promedio bajo los estándares objetivos, para nosotros es especial pero así es como se representa en nuestro mundo subjetivo.

9. Una buena terapia sucede cuando el cliente hace el trabajo.

Como hacen los padres con sus hijos, los terapeutas tienden a tomar demasiado crédito por el éxito de sus clientes (y demasiada culpa por sus fracasos). De hecho, tanto los padres como los terapeutas son menos poderosos de lo que ellos (y el mundo) creen que son. Los factores del cliente tales como esperanza, motivación, recursos, apoyo social y el aguante cuentan más que las capacidades y características del terapeuta al determinar los resultados de la terapia. La experiencia del cliente de la terapia también importa más que medir objetivamente los ingredientes de una terapia. Todas las terapias, en un sentido fundamental, son auto terapias. Para que la terapia le funcione al cliente, el cliente tiene que trabajar por la terapia. Como dice el chiste: ¿Cuántos terapeutas son necesarios para cambiar un foco? Respuesta: Dos o tres pero el foco tiene que querer cambiar. (Y sí, el humor es importante para una buena terapia).

10. Una buena terapia ofrece apoyo, requiere aprendizaje y facilita la acción.

Una buena terapia aborda a los clientes en diferentes niveles. Involucra el comportamiento, cognición y emociones del cliente. Con frecuencia, el esfuerzo en la terapia se enfocará primero en entender empáticamente al cliente, establecer una alianza y hacerse conscientes de la arquitectura interna del cliente, sus circunstancias de vida y narrativa personal. Luego, una buena terapia también facilitará el aprendizaje, nuevas ideas, nuevas maneras de pensar, de comunicarse con los demás, de gestionar las emociones. A fin de cuentas, una buena terapia incluye un enfoque en las acciones del cliente en el mundo, practicar nuevas habilidades, adoptar nuevos hábitos y nuevas maneras de moverse en el mundo.

Si una terapia te hace sentir solo y sin apoyo, si no aprendes nada nuevo y si tu comportamiento no ha cambiado para nada, entonces no estás en terapia, al menos no en una que sea buena.

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Crédito a la Imagen de LinkedIn: February_Love/Shutterstock

A version of this article originally appeared in English.