Emociones
Nuestras creencias sobre las emociones y su influencia en el bienestar
La forma en que pensamos sobre nuestras emociones está conectada con cómo nos sentimos.
1 de abril de 2026 Revisado por Gary Drevitch
Los puntos clave
- Las creencias emocionales son diversas ideas que tenemos sobre las emociones.
- Un estudio analizó la relación entre la capacidad para gestionar emociones y el bienestar.
- Quienes creían que otros podían cambiar sus emociones con mayor facilidad presentaron menor bienestar.
Es humano sentir emociones. Probablemente esto no te parezca controvertido, ¿verdad? Del mismo modo, seguramente estarás de acuerdo en que las emociones se presentan en una gran variedad de formas y tamaños… bueno, no literalmente. Hay tristeza, felicidad, ira, miedo, sorpresa y muchas otras. Pero no solo sentimos nuestras emociones. Nos demos cuenta o no, nos contamos historias sobre los sentimientos. Estas se conocen como “creencias emocionales”. Por ejemplo, podemos tener ideas sobre si está bien tener emociones, si es posible gestionarlas, cuánto tiempo o con qué intensidad creemos que se nos permite sentir una emoción, si está bien mostrar un sentimiento y las reglas emocionales que nos imponemos a nosotros mismos en comparación con los demás (por ejemplo, “otros pueden sentirse tristes, pero yo no”).
En un estudio reciente, un equipo de investigadores analizó si existe una conexión entre un tipo específico de creencia emocional y cómo se sienten las personas, cómo intentan gestionar su mundo emocional y sus niveles de estrés y depresión. Más concretamente, se centraron en la creencia de que es posible (o imposible) modificar y cambiar los sentimientos. En otras palabras, ¿son adaptables o inflexibles? También consideraron lo que las personas creen acerca de su propia capacidad para influir en sus emociones, en contraposición a lo que creen que otras personas pueden hacer. A lo largo de dos estudios, los investigadores exploraron primero esta conexión entre estudiantes de un campus universitario y, posteriormente, entre miembros de la población general que reside en la misma región.
Los resultados de la investigación revelaron que cuanto más creían las personas que los demás podían modular sus emociones mejor que ellas mismas, más dificultades experimentaban emocionalmente. Esta idea se asoció con mayor estrés y tristeza, menor optimismo, tendencia a más pensamientos obsesivos y menor disposición a abordar los problemas desde una perspectiva diferente y más constructiva. Además, un mes después, esta creencia también se relacionaba con pensar obsesivamente y sentirse triste. Por otro lado, las personas que se consideraban más capaces de modular sus emociones que los demás eran más propensas a intentar ver sus circunstancias desde una perspectiva más constructiva un mes después.
Cabe mencionar que, si bien ambos estudios compartían resultados generales, las conclusiones no eran exactamente las mismas. Asimismo, esta investigación solo nos permite analizar la relación entre esta creencia específica sobre las emociones y cómo podemos sentir y responder a ellas. No nos indica que esta creencia sea la causa directa de cómo nos sentimos o reaccionamos. Será valioso explorar esta cuestión con participantes más diversos. Es importante reconocer las limitaciones del estudio y lo que este puede revelarnos, y los investigadores sin duda lo hacen. Aun así, los resultados nos invitan a reflexionar sobre la narrativa que construimos acerca de nuestra capacidad para influir en nuestras emociones una vez que surgen, y cómo nos comparamos con la capacidad de otras personas para hacer lo mismo.
A version of this article originally appeared in English.
