Skip to main content
Identidad

¿Estás atascado en una historia que ya no te funciona?

Las fuerzas psicológicas escondidas que moldean tu identidad, tu felicidad y tu futuro.

Los puntos clave

  • Somos animales narradores, narrando constantemente nuestra existencia.
  • Las historias que nos contamos sobre nosotros mismos pueden ser útiles o inútiles.
  • Nuestras historias personales determinan significativamente nuestro bienestar, felicidad y futuro.
  • Es posible cambiar nuestras historias personales con herramientas metacognitivas y recalibrando la atención.
What is your story?
What is your story?
Fuente: Etienne Girardet / Unsplash

Haz una pausa por un momento y escucha tu mente. No a tu respiración. No a los sonidos a tu alrededor. Sino al comentario silencioso e implacable que se ejecuta en segundo plano.

Esto siempre me pasa a mí.

Probablemente piensa que soy incompetente y estúpida.

Debería haber avanzado mucho más ahora.

No tiene sentido intentarlo.

Soy una persona mala, fea, dañada, y nadie me amará jamás.

Nos gusta pensar en nosotros mismos como seres racionales que ocasionalmente cuentan historias. En verdad, somos animales narradores que ocasionalmente razonan. Narrativizamos constantemente nuestra existencia: seleccionando hechos, interpretando, explicando, juzgando y prediciendo. Hacemos girar narrativas sobre el mundo, otras personas, lo que estamos haciendo, lo que significan las cosas y lo que sucederá a continuación. Y aunque estas historias se sienten como descripciones neutrales de la realidad, son todo lo contrario.

Las historias nos ayudan a darle sentido a la existencia. Imponen orden al caos. En nuestras narrativas internas, seleccionamos escenas particulares, establecemos vínculos causales entre eventos y asignamos roles. Algunas personas se convierten en héroes o ayudantes, otras en rivales o villanos. Destacamos ciertos momentos y editamos silenciosamente otros.

Este impulso narrativo no es un defecto. Es una capacidad humana fundamental. Sin historias, nuestras vidas se sentirían incoherentes y sin sentido. Pero no todas las historias son útiles. Algunas pueden atraparnos en patrones dañinos.

Las historias que más importan

La historia más influyente que jamás contarás es la que tienes sobre ti mismo: tu propia historia. Determina no solo tu bienestar presente sino también tu futuro. Cada uno de nosotros lleva una narrativa interna compleja que explica quiénes somos, cómo llegamos a ser de esta manera y qué es posible para nosotros en el futuro. Basada en una selección cuidadosamente seleccionada de recuerdos e interpretaciones, nuestra propia historia crea coherencia y continuidad. Da sentido a nuestra existencia.

Pero nuestras historias personales dan forma a mucho más que nuestra identidad. Influyen en cómo interpretamos el pasado, cómo anticipamos el futuro, qué tan motivados nos sentimos, cómo actuamos en las relaciones y qué tan satisfechos estamos con nuestras vidas.

Psicólogos narrativos como Jonathan Adler, Dan McAdams, Kate McLean y B. A. Rogers han demostrado que nuestro bienestar depende en gran medida de cómo almacenamos nuestras vidas. Personas cuyas historias personales siguen narrativas de redención, historias de crecimiento, aprendizaje y transformación, o que ven sus vidas como una forma de viaje del héroe, tienden a reportar una mayor satisfacción con la vida y resiliencia psicológica.

Por el contrario, las historias personales que no ayudan a menudo siguen patrones de declive, estancamiento o inutilidad. Podemos decirnos a nosotros mismos que somos defectuosos, que carecemos de recursos esenciales o que somos fundamentalmente diferentes de los demás en formas que nos condenan al fracaso. Estas narrativas no simplemente se sienten desagradables: actúan como sugerencias psicológicas continuas. Y las sugerencias dan forma a la experiencia.

Cuando las historias se vuelven tóxicas

Las historias personales inútiles funcionan como trances negativos. Se filtran en nuestras vidas emocionales, colonizan nuestra imaginación, dan forma a nuestras acciones y distorsionan nuestras relaciones. Con el tiempo, se convierten en una fuente importante de sufrimiento psicológico.

Si repetidamente te dices a ti mismo que eres indefenso, desafortunado o estás destinado al fracaso, tu sistema nervioso escucha. Tu motivación flaquea. Tu sentido de agencia se encoge. Dejas de intentar moldear tu vida, no porque no puedas, sino porque tu historia te dice que no tiene sentido.

De esta manera, las autohistorias no son simplemente herramientas para generar sentido. Están moldeando la realidad. Se sienten como la verdad sobre quiénes somos. Y debido a que se sienten verdaderas, actuamos como si fueran ciertas.

Por qué las malas historias son tan difíciles de desalojar

Una de las razones por las que las autohistorias son tan poderosas es que se autoperpetúan. Somos muy susceptibles a los sesgos cognitivos, especialmente al sesgo de confirmación. Filtramos constantemente nuestras percepciones, recuerdos e interpretaciones para que se ajusten a nuestras narrativas existentes.

Si tu historia central es “siempre fallo”, tu atención se enfocará automáticamente en los contratiempos y descartará la evidencia de competencia o éxito. Si tu historia es “soy fundamentalmente defectuoso y desagradable”, los momentos de rechazo se sentirán como una prueba, mientras que los momentos de aceptación se descartarán silenciosamente.

Con el tiempo, las autohistorias inútiles se endurecen en creencias de autoautenticación. Para evitar la disonancia cognitiva, nuestra atención y memoria se vuelven cada vez más selectivas. Curamos nuestra experiencia vivida para que se ajuste a la narrativa que ya tenemos. Y así es como nuestras historias se convierten en profecías autocumplidas.

La buena noticia: las historias pueden cambiar

Aquí está el punto crucial, y el más esperanzador. Si bien nuestras historias nos dan forma, también debemos darles forma a nuestras historias.

Es posible cambiar nuestra relación con nuestras narrativas internas. Podemos aprender a alejarnos de ellos, a verlos como construcciones en lugar de verdades inmutables. Podemos ampliar el acceso a nuestros recuerdos, recalibrar nuestra atención y aflojar el control de las interpretaciones que se culpan a sí mismas o al mundo. En mi nuevo libro, The Story Solution: Change Your Toxic Self-Stories and Thrive, presento un marco de cinco pasos para transformar nuestras narrativas internas en otras que realmente nos sirvan.

Esto no significa reemplazar historias “negativas” con afirmaciones artificialmente positivas. Tampoco significa negar las dificultades o el dolor. Significa convertirnos en narradores más exigentes de nuestras propias vidas.

Podemos aprender a hacer mejores preguntas:

  • ¿Qué evidencia estoy destacando repetidamente y qué estoy ignorando?
  • ¿Qué versión de esta historia me hace más capaz, compasivo y vivo?
  • ¿Cómo sería una interpretación más justa y completa?

Nuestras historias pueden ser antiguas, familiares y profundamente arraigadas, pero no están escritas en piedra. No estamos condenados a reproducir las mismas narrativas inútiles hasta el final de nuestros días. Así como podemos entrenar nuestros cuerpos y adquirir nuevas habilidades, podemos entrenar nuestras mentes para desarrollar formas más flexibles, compasivas y empoderadoras de darnos sentido a nosotros mismos.

No somos simplemente los personajes de nuestras historias. También somos sus narradores y, con la práctica, podemos convertirnos en editores más sabios y exigentes.

A version of this article originally appeared in English.

publicidad
Acerca de
Anna Katharina Schaffner Ph.D.

La Dra. Anna Katharina Schaffner, es escritora y profesora de historia cultural en la Universidad de Kent. Es apasionada del arte de la automejora.

Más de Anna Katharina Schaffner Ph.D.
Más de Psychology Today
Más de Anna Katharina Schaffner Ph.D.
Más de Psychology Today