Microbioma
¿El insomnio empieza en el abdomen?
Los microbios intestinales podrían estar alterando el sueño.
8 de septiembre de 2025 Revisado por Margaret Foley
Los puntos clave
- El insomnio es un trastorno del sueño común que experimenta entre el 10% y el 30% de los adultos.
- Los principales medicamentos para el insomnio son aquellos que actúan sobre el cerebro.
- Hallazgos recientes destacan el papel bidireccional del microbioma en la regulación cerebral del sueño.
- Esta perspectiva ofrece estrategias para tratar el insomnio, tanto sobre el cerebro como sobre el microbioma.
El insomnio es una experiencia desagradable que muchos hemos experimentado. Mientras intentamos conciliar el sueño, parece que no podemos dormir. Esto genera estrés, lo que agrava aún más el insomnio. Un torrente de pensamientos negativos, preocupaciones y ansiedades puede robarnos la calma y la paz, convirtiendo el sueño en una lucha constante. Este esfuerzo excesivo mantiene al cerebro en alerta máxima, activando nuestro sistema nervioso en lugar de tranquilizarlo.
El insomnio no es solo un problema físico; abarca varios aspectos neurológicos y psicológicos profundos. La neurociencia ofrece una perspectiva distinta sobre este fenómeno. El sueño es un proceso cerebral muy activo y complejo, regulado por diversos neurotransmisores y estructuras cerebrales. Hormonas como la melatonina y neurotransmisores como el GABA desempeñan un papel fundamental en el inicio y el mantenimiento del sueño. Las alteraciones en el equilibrio de estas sustancias químicas o las alteraciones en las regiones cerebrales responsables de regular el reloj biológico (ritmos circadianos) pueden provocar insomnio. En definitiva, el insomnio no es simplemente la incapacidad de conciliar el sueño, sino una manifestación de la compleja interacción entre la mente y el cuerpo, donde la salud mental y la función cerebral están estrechamente entrelazadas. Comprender estos factores psicológicos y neurológicos nos permite abordar el insomnio desde una perspectiva más holística y desarrollar soluciones más eficaces para abordarlo.
Estudios recientes han demostrado que las deficiencias en los sistemas corporales pueden afectar la función cognitiva. Un ejemplo claro es el efecto de la inflamación periférica en el cerebro, que puede inducir depresión. Sin embargo, el papel que desempeñan los microbios que habitan el sistema digestivo en la función cerebral es aún más fascinante. Por ejemplo, en 2018, un artículo sugirió que los microbios intestinales regulan tanto el sueño como el estado mental del huésped a través del eje intestino-cerebro. Parece que algunos tipos de microbiota intestinal desregulan genes implicados en el control de los ritmos circadianos. En un ensayo clínico en el que participaron 156 adultos sanos que recibieron probióticos, incluida una mezcla de Lactobacillus reuteri, durante ocho semanas, los participantes experimentaron mejoras en los síntomas depresivos y de ansiedad, así como en la calidad del sueño, en comparación con el grupo placebo.
Un estudio reciente investigó exhaustivamente la relación causal bidireccional entre la microbiota intestinal y el insomnio mediante análisis de aleatorización mendeliana en grandes conjuntos de datos genéticos. Los investigadores demostraron una importante relación causal bidireccional entre el microbioma intestinal y el insomnio. El principal hallazgo es que esta relación es bidireccional: ciertos tipos de bacterias intestinales influyen directamente en el riesgo de desarrollar insomnio, mientras que un diagnóstico de insomnio puede, a su vez, alterar la abundancia de ciertas bacterias intestinales. El estudio identificó 14 tipos de bacterias que contribuyen a un mayor riesgo de insomnio, y el género Odoribacter mostró un efecto positivo notablemente fuerte. Por el contrario, se descubrió que otros ocho tipos de bacterias tienen un efecto protector contra esta afección. Además, se ha demostrado que el insomnio disminuye la abundancia de ciertas bacterias beneficiosas y aumenta la de otras, lo que podría crear un ciclo de retroalimentación.
Se cree que esta compleja interacción opera a través de diversas vías, como la regulación del sistema inmunitario, las respuestas inflamatorias y la modulación de la liberación de neurotransmisores. Estos conocimientos ofrecen una base genética crucial para el desarrollo futuro de nuevas intervenciones terapéuticas basadas en el microbioma para el insomnio, como los probióticos específicos o el trasplante de microbiota fecal. Sin embargo, los autores enfatizan que su estudio, que involucra principalmente a personas de ascendencia europea y arroja pequeños tamaños de efecto, proporciona evidencia preliminar y generadora de hipótesis en lugar de conclusiones definitivas, lo que subraya la clara necesidad de más investigación para validar estos hallazgos.
En general, billones de microorganismos en los intestinos influyen directamente en las funciones cerebrales a través de metabolitos químicos, neurotransmisores y señales inmunitarias, que a su vez afectan procesos cerebrales como la cognición, el estado de ánimo y el sueño. También ejercen efectos indirectos al influir en el sistema nervioso entérico (SNE). El SNE, a menudo llamado el “segundo cerebro”, es una red compleja de más de 100 millones de neuronas integradas en el tracto gastrointestinal. Regula directamente las funciones del sistema digestivo e interactúa con el cerebro a través del nervio vago.
Los metabolitos químicos producidos por los microorganismos intestinales incluyen ácidos grasos de cadena corta y ácido D-láctico, que pueden atravesar directamente la barrera hematoencefálica y modular las funciones cerebrales. Neurotransmisores como la serotonina, el GABA y la dopamina, sintetizados por microbios, interactúan con las neuronas entéricas; posteriormente, el SNE envía señales al cerebro a través del nervio vago. El nervio vago también detecta la inflamación inducida por ciertos microbios intestinales y transmite señales inflamatorias al cerebro. Estas señales alteran fisiológica y patológicamente la función cerebral e influyen en el control cerebral de los procesos corporales y las funciones cognitivas, como el estado de ánimo, las emociones e incluso la calidad del sueño.
Estos efectos del microbioma intestinal en la función cerebral resaltan, una vez más, que nuestra cognición no está determinada únicamente por el cerebro y el cuerpo; microbios que no forman parte del cuerpo humano también influyen en ella. Esta perspectiva ofrece nuevas perspectivas para el desarrollo de enfoques integrales para el tratamiento de las enfermedades mentales, más allá de los medicamentos dirigidos únicamente al cerebro. Además, el último aspecto interesante de esta perspectiva, al menos para mí, es que no nos limitamos solo al cerebro; Somos una combinación del cerebro, el cuerpo y factores ambientales que dan forma a quiénes somos.
A version of this article originally appeared in English.