Dolor crónico
El dolor crónico, la ansiedad, la depresión y el camino intermedio
Las consecuencias emocionales del dolor crónico se pueden controlar y equilibrar.
25 de junio de 2025 Revisado por Margaret Foley
Los puntos clave
- Las enfermedades crónicas pueden generar una respuesta emocional profunda, compleja y prolongada.
- La ansiedad y la depresión derivadas del dolor crónico pueden provocar una discapacidad de rol.
- El dolor emocional, al igual que el dolor crónico, no se puede erradicar por completo, pero sí controlar.
Más allá del dolor físico que experimentan las personas con enfermedades crónicas, suele existir un componente emocional en el daño nociceptivo (tisular) y neuropático (nervioso) que causa el dolor crónico. En general, cualquier tipo de malestar conlleva una respuesta emocional; por ejemplo, si se golpea el dedo del pie con la mesa de centro, puede experimentar una respuesta emocional intensa de frustración inmediata. Las enfermedades crónicas son similares, aunque la respuesta emocional suele ser más profunda, compleja y mucho más prolongada, volviéndose crónica junto con el dolor físico.
Un estudio de 2023 (Mullins et al.) concluye que “la presencia de dolor crónico en adultos se asocia con puntuaciones de gravedad significativamente más altas tanto para la ansiedad como para la depresión, medidas mediante encuestas validadas en una muestra representativa a nivel nacional”. Comprender cómo se manifiestan estos sentimientos de ansiedad y depresión en las personas con dolor crónico es importante para desarrollar métodos adaptativos de afrontamiento de las consecuencias emocionales del malestar físico. Tanto en el caso de la ansiedad como de la depresión, observar la interrupción de la vida diaria y el funcionamiento de una persona es vital para medir el efecto negativo sostenido en el bienestar psicológico.
La ansiedad del “¿qué pasaría si…?”
La ansiedad suele ser una escalada de pensamientos catastróficos, lo que crea un bucle cognitivo desagradable y persistente. Para la persona con dolor crónico, esto podría sonar como: “¿Y si empeora?... ¿Y si nunca me siento mejor?... ¿Y si necesito cirugía?... ¿Y si esto me impide caminar?...” La ansiedad suele tener un origen racional (en este caso, el dolor físico), pero se vuelve irracional a medida que los pensamientos se acumulan y se vuelven cada vez más catastróficos. Cuando los pensamientos de la persona con dolor de espalda crónico pasan de “¿Y si esto sigue doliendo?” a “¿Y si después no puedo caminar?”, la ansiedad se apodera de ella y crea un estado cognitivo insostenible, inundado por estos pensamientos con sesgos negativos, lo que perturba la vida diaria de la persona.
La depresión de lo perdido
Si la ansiedad suele ser un pensamiento de “¿qué pasaría si…?”, la depresión adquiere un tono más de “¿qué fue…?” o “¿qué podría haber sido?”. Debido a que las personas con dolor crónico a menudo se ven obligadas a limitar o restringir sus capacidades previas, son propensas a sentir tristeza y pérdida ante su “nueva normalidad” y al reconocer que es diferente y más desafiante que antes. Un estudio de 2023 (De La Rosa et al.) respalda esto, afirmando que “la comorbilidad en el dolor espinal crónico se asocia significativamente con la discapacidad de rol”. Podemos entender “discapacidad de rol” como las limitaciones que una lesión o enfermedad impone a la capacidad de una persona para participar en su vida diaria con la misma capacidad que antes. Similar al duelo por una muerte física, las personas que sufren de dolor crónico a menudo experimentan un proceso emocional complejo y no lineal de dejar ir la vida cotidiana que antes podían vivir. Este proceso naturalmente viene acompañado de los pensamientos depresivos e hipoactivos que acompañan a cualquier tipo de pérdida.
Cómo afrontarlo
Médicos, fisioterapeutas y otros profesionales de la medicina y la kinesiología enfatizan que el dolor crónico no es curable, pero sí manejable. Lo mismo ocurre con la respuesta emocional al dolor: es poco realista pensar que podemos erradicarlo por completo, pero sí podemos aprender a manejarlo de forma saludable y adaptativa. Esto comienza siendo realista sobre las emociones que acompañan al dolor crónico: no son erradicables ni omnipresentes. Asumir cualquiera de las dos es abandonarnos por completo a la ansiedad o la depresión. El “camino intermedio”, un concepto proveniente del budismo, puede ayudarnos a alcanzar un equilibrio saludable cuando vivimos con dolor crónico. En el camino intermedio, aprendemos a aceptar la dualidad, a evitar los extremos y a encontrar el equilibrio; todas estas ideas pueden ayudarnos a manejar las emociones difíciles relacionadas con el dolor. En la práctica, esto podría ser así:
- Esforzarnos por evitar los extremos de “¿qué tal que...?” (ansiedad) y “¿qué perdí?” (depresión), permitiéndonos aceptar mejor nuestras circunstancias sin polarizar nuestras emociones.
- Dejar atrás la obsesión por intentar encontrarle sentido lógico a la inherente y a menudo confusa dualidad de la vida (es decir, aceptar no comprender necesariamente por qué se experimenta dolor crónico, sino centrarse en controlarlo y cuidarse).
- Crear un equilibrio realista que nos permita participar en la vida diaria de forma sana y razonable. Esto podría implicar realinear las prioridades y expectativas que tenemos sobre nosotros mismos para asegurarnos de no agravar nuestro malestar físico o emocional.
A version of this article originally appeared in English.