Formación de hábitos
5 Maneras de aprender a amar las rutinas
Las rutinas no se tratan de optimización. Se tratan de contar historias.
12 de enero de 2026 Revisado por Monica Vilhauer Ph.D.
Muchos de nosotros conocemos a alguien que realmente parece disfrutar de las rutinas:
- El compañero que prepara sus almuerzos para la semana los domingos.
- La hermana que ha mantenido una rutina de gimnasio constante durante la última década.
- El influencer de redes sociales que comparte sus aventuras con flujos de trabajo optimizados y codificados por colores.
Mi artículo más popular del año pasado trataba sobre cómo aprender a amar la autodisciplina, y las rutinas plantean la misma pregunta básica: ¿Acaso quienes aman las rutinas tienen un funcionamiento diferente, o amar las rutinas es simplemente un problema que aún no has resuelto?
La respuesta probablemente sea un poco de ambas. Aquí compartiré consejos prácticos para ayudarte a que las rutinas funcionen para ti. El objetivo son rutinas que disfrutes en lugar de que las soportes.
1. Rutinas que te mantienen vs. Rutinas que mantienes
Una rutina puede parecer que te mantiene o que la mantienes tú. Una requiere mantenimiento, la otra te mantiene activo.
Busca rutinas que te beneficien, no al revés.
Es probable que todos disfruten de una rutina que les ayude a tener una sensación de tranquilidad, paz y armonía en su vida.
Ejemplos:
- La cafetera con temporizador que te ayuda a empezar las mañanas.
- La comida semanal para llevar que te permite dejar que alguien haga algo por ti en lugar de hacerlo todo tú.
- Rutinas que te ayudan a mantener la organización con el mínimo esfuerzo.
- Rutinas que te ayudan a satisfacer tus necesidades más básicas (por ejemplo, comer, dormir, estar cerca) con la mínima complicación.
2. Considera las rutinas trimestrales
Las rutinas trimestrales pueden cubrir un nicho importante. Algunas rutinas son demasiado pesadas para realizarlas mensualmente, pero las anuales son poco frecuentes. Otra ventaja de las rutinas trimestrales es que se adaptan naturalmente a las estaciones.
Piensa en estas tres personas que leen un libro por trimestre, con temas estacionales recurrentes que les resultan lógicos.
Ana, de 45 años, lee memorias o autobiografías cada invierno cuando está cómoda en casa, un libro de superación personal en primavera, un thriller playero en verano y una novela sobre amistades cada otoño.
Mike, de 53 años, lee una biografía en invierno, un libro de finanzas personales en primavera, una novela de espías en verano y un libro sobre salud en otoño.
Claudia, de 24 años, lee ensayos sobre la veintena en invierno, un libro sobre carreras profesionales en primavera, una novela romántica en verano y algo sobre viajes en otoño, cuando suele planificar sus vacaciones.
Si una rutina mensual te dejaba con la sensación de estar trabajando arduamente, una trimestral podría no dejarte la misma huella.
Cada persona en nuestros ejemplos también seleccionó una rutina que expresa algo sobre sí misma, lo que nos lleva al siguiente punto.
3. Diseña rutinas que expresen algo sobre ti
Copiar las rutinas de otros no suele funcionar bien. Las rutinas deben ser funcionales, pero también transmiten algo sobre la persona que las diseñó.
La rotación de Mike indica que está pensando en el dinero y la salud. La de Claudia dice que está descifrando sus veinte años, dejando espacio para el placer. La de Ana dice que le gusta incursionar en la superación personal sin convertirla en el centro de su vida.
Una buena rutina cumple su función, pero también nos dice quiénes somos, qué priorizamos y nos ayuda a confiar en nosotros mismos.
Las rutinas nos permiten relajarnos, sabiendo que contamos con mecanismos que nos ayudan a retomar nuestros enfoques importantes, como Mike, que sabe que se centrará en un aspecto de la salud con su libro de otoño, y Claudia, que sabe que pensará en su carrera cada primavera.
4. Adopta una perspectiva a lo largo de la vida sobre las rutinas
La maternidad parece haber cambiado mi relación con las rutinas. Ya no solo gestiono mis rutinas personales, sino que también coordino las compartidas.
Los cambios en mis rutinas se deben principalmente al desarrollo natural de mis hijos, más que a mis objetivos personales, como los cambios en los horarios de las siestas de los niños pequeños y los intereses emergentes de mi hijo mayor.
Las rutinas en constante evolución muestran cómo permitimos que la vida nos cambie. Cuando permitimos que nuestras rutinas se adapten, expresamos nuestra voluntad de crecer y dejarnos moldear por nuestra etapa de la vida.
Las rutinas que tenemos en las diferentes etapas de la vida ayudan a definir las etapas de nuestra vida y cuentan nuestra historia.
5. Considera romantizar tus rutinas
Romantizar una rutina significa conectarla con algo más grande que la rutina en sí. A veces veo videos de atletas sobre sus entrenamientos, y sus rutinas son muy repetitivas, pero los videos conectan bien lo que podría parecer monótono con un propósito más amplio.
Asegúrate de vincular tus rutinas con lo que intentas lograr; por ejemplo, rutinas para ahorrar dinero que usas mientras ahorras para la entrada de la casa.
Quizás te imagines en tu nueva casa en el futuro, cuando ya no tengas que hacer un presupuesto tan estricto como ahora, recordando las rutinas que tuviste que seguir para lograrlo. O piensa en el atleta que bate un récord personal recordando las rutinas de entrenamiento que lo llevaron allí.
Las rutinas son una forma de contar historias
Puede que te sientas una persona capaz y reflexiva, pero que aún tengas dificultades con rutinas que te parecen frágiles o moralizadas. Quizás te avergüences de rutinas que crees que deberían ser realistas, pero que resultan ser más ambiciosas. Aprender a amar las rutinas no se trata de optimizarlas. Se trata de cambiar tu relación con ellas y usarlas para contar historias (internas) sobre ti y tu etapa actual. Al hacer este cambio, podrás concentrarte mejor en las rutinas que te mantienen, no en las que tú mantienes.
A version of this article originally appeared in English.
