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Memoria

Los encuentros sociales preparan al cerebro para recordar

Las experiencias emocionales intensas pueden hacer que un momento sea inolvidable.

Los puntos clave

  • Un breve encuentro con una nueva pareja puede fortalecer la duración de un recuerdo significativo o emocional.
  • Los momentos sociales modifican temporalmente cómo se prepara el cerebro para retener nuevas experiencias.
  • Una mayor interacción social también puede ayudar a conectar recuerdos separados.

“El recuerdo del pasado no es necesariamente el recuerdo de las cosas como fueron”. –Marcel Proust, quien describió célebremente cómo el olor y el sabor de una magdalena lo inundaron de recuerdos.

La mayoría de nosotros hemos sentido cómo una experiencia emocional intensa, como una alegría inesperada, una despedida dolorosa o incluso el aroma familiar de un pastel, puede hacer que un momento sea imposible de olvidar. La neurociencia ha demostrado desde hace tiempo que los olores y las emociones tienen vías físicas que fijan los recuerdos. Pero, sorprendentemente, no sólo recordamos momentos personales desencadenados por la emoción o el aroma. También recordamos cosas que suceden en un contexto social, y estos recuerdos se sustentan en conexiones físicas dentro del cerebro.

Cuando nuevas personas entran en nuestras vidas, o cuando pasamos tiempo con amigos, a menudo hacen que los momentos cotidianos se sientan inolvidables. Un estudio reciente explica cómo, al compartir un momento social nuevo, el cerebro cambia brevemente a un estado que hace que las experiencias posteriores se fijen con mayor firmeza. Durante este breve lapso, las cosas que normalmente se desvanecerían pueden adquirir una cualidad más duradera y vívida. La función cerebral y la forma en que recuerda se ven afectadas por las emociones de los eventos sociales. En otras palabras, la experiencia social puede inclinar la balanza hacia la memoria duradera, al igual que el olfato o la emoción.

Una chispa social que fortalece la memoria

En el estudio, los ratones pasaron cinco minutos conociendo a un nuevo ratón joven. Media hora después, aprendieron a evitar una leve descarga eléctrica en la pata en una simple tarea de reducción gradual. Ese breve encuentro social marcó una gran diferencia en la fuerza del recuerdo formado. La asociación del miedo, que suele ser frágil en estas condiciones, persistió más tiempo de lo habitual. Encontrarse con un compañero de jaula conocido no tuvo el mismo efecto. Esperar una hora después del encuentro social anuló el beneficio. El hallazgo apunta a un pequeño periodo en el que la novedad social prepara al cerebro para almacenar otra información con mayor firmeza.

Los investigadores atribuyeron el aumento de la memoria a las señales que viajan entre dos partes cercanas del cerebro: una muy involucrada en el reconocimiento de situaciones sociales y otra que ayuda a captar los detalles de los eventos. Cuando la parte “social” se silenció, el aumento de la memoria desapareció. Cuando solo se interrumpían sus señales de salida, el impulso también desaparecía.

De un evento único a recuerdos vinculados

La memoria rara vez llega de forma fragmentaria. A menudo, experiencias separadas se fusionan en una sola historia. Con un momento social más intenso, el cerebro no solo estabilizó un recuerdo débil, sino que creó las condiciones que permitieron que una segunda experiencia separada se conservara con mayor firmeza si ocurría con poca diferencia temporal. Con una interacción social más ligera, los dos recuerdos competían. Con una interacción más intensa, cooperaban. En otras palabras, cuando un momento social es lo suficientemente significativo, puede ayudar al cerebro a tejer conexiones entre eventos que, de otro modo, podrían olvidarse.

El cerebro está diseñado de forma natural para conectar cosas. En este caso, la experiencia social cálida parece afinar esa capacidad. Una cara amable antes de una lección difícil o una conversación animada antes de una nueva experiencia pueden preparar al cerebro para un aprendizaje más profundo. Este efecto apareció en aproximadamente media hora y desapareció al cabo de una hora. Esta perspectiva sugiere maneras sencillas de diseñar aulas, sesiones de terapia y rutinas de rehabilitación: un comienzo socialmente atractivo podría ayudar a que se arraiguen nuevas habilidades y comportamientos seguros.

Estos hallazgos también tienen implicaciones para la salud. Los problemas de memoria en el envejecimiento y la enfermedad a menudo implican alteraciones en la comunicación entre diferentes áreas del cerebro. Fortalecer la sincronización y la coordinación de estas señales de memoria social podría algún día ayudar a las personas a retener información importante. Cualquier estrategia futura requerirá un estudio minucioso, pero el camino es más claro: fomentar el contexto emocional adecuado en el momento oportuno.

Los encuentros sociales hacen más que añadir color a la vida diaria. Ayudan a preparar el cerebro para el aprendizaje. Una parte del cerebro proporciona la chispa emocional y social; otra almacena la experiencia. Entre ambas existe una pequeña ventana en la que los momentos cotidianos pueden pasar de fugaces a duraderos. Comprender esa ventana nos acerca a formas prácticas de desarrollar mejores hábitos, comportamientos más seguros y recuerdos más fuertes, una conversación significativa a la vez.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
William A. Haseltine Ph.D.

El Dr. William A. Haseltine es conocido por su trabajo pionero sobre el cáncer, el VIH/SIDA y la genómica. Es presidente y director del grupo de expertos en salud mundial ACCESS Health International.

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