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Vida social

“De verdad que no quiero escuchar esto”

Tomar decisiones acertadas como confidente reacio

Los puntos clave

  • Una persona que se muestra reacia a compartir información suele ser reacia a recibirla.
  • Es fundamental comprender expectativas y normas de privacidad antes de decidir cuándo y con quién hablar.
  • Entre los desafíos más comunes están escuchar y reaccionar adecuadamente, y sopesar cuándo negarse a compartir

La pregunta me la hizo de repente mi amiga Bárbara: “¿Te conté alguna vez la locura que hizo Camila en una fiesta universitaria?”

Me tomé un momento para pensar antes de responder. Como Bárbara se reía al decirlo, supuse que Camila había hecho alguna tontería inofensiva años antes de que la conociera. Sin embargo, no podía estar segura.

Me preguntaba si Camila se avergonzaría o se enfadaría al saber que yo lo sabía, o si le parecería gracioso. ¿Estaría obligada a decirle que lo sabía o quién me lo había contado? ¿Cambiaría mi opinión sobre Camila o mi confianza en ella al saberlo?

Como no tenía las respuestas a estas preguntas, le dije: “Bárbara, prefiero no oírlo”.

“¿En serio?”, me espetó Bárbara.

Respondí rápidamente: “Sí, en serio”.

Revelar y ocultar información

Una realidad fundamental de las relaciones cercanas, como las familiares, de amistad, vecinales o compañeras de trabajo, es la necesidad de decidir qué compartir y qué no. Tomar decisiones acertadas sobre revelar u ocultar información suele ser complejo y es clave para desarrollar y mantener relaciones sólidas. En la mayoría de los casos, estas decisiones son claras y contribuyen al crecimiento de las relaciones.

La investigadora en comunicación Sandra Petronio (2002) desarrolló la teoría de la Gestión de la Privacidad en la Comunicación (GPC). Conocer la GPC nos ayuda a comprender que tenemos un sentido de propiedad sobre la información que nos concierne, tanto a nosotros mismos como a los demás. Esto explica por qué podemos sentirnos vulnerados cuando descubrimos que alguien ha compartido información que creíamos que debería haber permanecido privada. Es importante comprender y tomar decisiones acertadas sobre qué información revelar y cuándo optar por no compartirla.

Existe otra perspectiva: ¿Cómo reaccionamos cuando alguien quiere contarnos algo que quizás no queramos saber? Es evidente que la otra persona cree que es algo que queremos o debemos saber. Si tenemos una relación cercana, deberíamos estar dispuestos a recibir la información que la otra persona quiera compartir, ¿verdad?

Convertirse en confidente

Se confía en las personas confidentes o se espera que sean receptoras (copropietarias) de información (Petronio et al., 2022). En la mayoría de los casos, acertamos al elegir a un confidente, especialmente si hemos desarrollado expectativas claras de privacidad con esa persona. Por ejemplo, podemos creer que debemos hablar de problemas financieros con nuestra pareja, de problemas de salud con un padre o madre, de problemas laborales con nuestro supervisor o de buenas noticias, como ganar un premio, con un amigo.

Petronio (2002) explicó que establecemos reglas de privacidad en una relación para ayudarnos a decidir qué compartir, con quién y cuándo. Estas reglas pueden ser específicas y claras; sin embargo, a veces no lo son. Por ejemplo: “Julio, no me había dado cuenta de lo difícil que te resulta hablar de tu salud. ¿Qué puedo hacer o decir para ayudarte?” La privacidad puede vulnerarse intencionalmente (intuimos o sabemos que esta persona no querría que se compartiera esta información) o involuntariamente (no nos percatamos de que la persona sufriría algún daño si se compartiera esta información). A veces, no somos conscientes de que existe una expectativa de privacidad hasta que la vulneramos y nos damos cuenta de la necesidad de modificar las normas de privacidad.

Si bien normalmente esperamos ser confidentes y recibir información privada en relaciones cercanas, no siempre es así. Petronio describe ser un confidente reticente, es decir, un receptor de información que no está dispuesto a recibirla.

A veces no anticipamos recibir información indeseada, como sucedió cuando mi amiga quiso contarme sobre el comportamiento de Camila en la fiesta. Otras veces, tememos que otros nos cuenten cosas difíciles o arriesgadas de saber. La información puede llegarnos indirectamente, por ejemplo, a través de una publicación en redes sociales. A veces nos enteramos de algo cuando la otra persona lo suelta sin darnos cuenta.

Sea cual sea la forma y el momento en que nos llegue la información, podemos encontrarnos en el papel de confidentes reacios que deben decidir cómo reaccionar. Por ejemplo, cuando un hermano adulto nos cuenta que su matrimonio se rompió o que está abusando del alcohol, saber esta información es potencialmente arriesgado y los pasos a seguir son cruciales. ¿Deberíamos compartir nuestra incomodidad con la persona que nos revela la información? ¿Estamos obligados a contarle a un padre u otro familiar lo que está sucediendo? ¿Cómo debemos sopesar el deseo de brindar apoyo, ayudar a un padre a cumplir con su rol y evitar poner en riesgo nuestra relación con uno o ambos, según lo que decidamos hacer?

Cuando nos vemos obligados a asumir el rol de confidentes a regañadientes, ¿qué opciones tenemos?

Opciones para convertirse en confidente a regañadientes

1. Establecer expectativas y reglas de privacidad: ¿Qué tan claros son tus personas cercanas y tú en sus relaciones respecto a qué revelar y qué mantener en privado? Por ejemplo, tal vez provienes de una familia abierta donde se habla de todo, y descubrir que esto resulta difícil para tu pareja, más reservada, quien se siente incómoda cuando tu madre pregunta cuándo planean tener hijos. Quizás necesites establecer o revisar reglas de privacidad con tu pareja.

2. Evitar información no deseada: Cuando anticipas o escuchas cosas que preferirías no saber, tienes varias opciones para evitarlo. Puedes intentar cambiar de tema, hacer un comentario o gesto que muestre tu incomodidad, contar una broma sutil, recomendar a esta persona a un profesional o incluso retirarse de la situación. Petronio (1999) denominó a estas técnicas “técnicas de disuasión” para evitar que la persona que confía revele información que podría ser riesgosa para ti o para quien la revela.

Como profesor universitario, me sentía reacio a confiar en un estudiante cuando, tras entregar un trabajo para mi clase al día siguiente, empezaba a confesar que había comenzado a trabajar en él la noche anterior. Lo detenía y le decía: “Quiero ayudarte y, por supuesto, evaluaré tu trabajo. Te aconsejo que pienses bien qué quieres que sepa”.

3. Escuchar y reaccionar adecuadamente: Si consideramos que la relación es apropiada para la confianza, podemos optar por recibir o buscar información, incluso si nos resulta incómodo. Los investigadores que estudian a los amigos como confidentes reacios destacan la importancia de escuchar para descubrir cómo brindar apoyo (McBride y Bergen, 2008). Es importante sopesar los riesgos y beneficios de ser confidente. Escuchar puede ser un regalo para quienes nos importan, aunque pueda implicar riesgos. Hay situaciones serias en las que intervendremos para ayudar, incluso cuando las consecuencias sean impredecibles.

4. Sopesar los riesgos y beneficios de las relaciones: Antes de convertirte en confidente o compartir información con alguien, considera los riesgos potenciales para ti y para los demás. Siempre tienes derecho a negarte a ser confidente a regañadientes, por supuesto, pero esta decisión también conlleva ciertos riesgos, como la decepción de alguien o el posible daño a la relación. Recibir información siempre implica una responsabilidad. Ninguna relación cercana está exenta de costos y beneficios.

En definitiva, es importante establecer reglas de privacidad claras y flexibles en las relaciones cercanas antes de compartir información privada o pedir a otros que lo hagan. Reflexionar sobre la información que deseamos compartir y recibir, y renegociar los límites de la privacidad a lo largo del tiempo, son fundamentales para unas relaciones cercanas sanas y gratificantes.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
Dawn O. Braithwaite, Ph.D.

La Dra. Dawn O. Braithwaite, profesora de comunicación en la Universidad de Nebraska-Lincoln, estudia las familias y relaciones cercanas, especialmente las familias elegidas.

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