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Adicción

¿Por qué amamos al mapache borracho?

Perspectiva personal: El peludo ladrón de licorerías se salió con la suya.

¿Por qué a tantos nos encanta el mapache desmayado en el baño de la licorería? Ese cuerpecito peludo, tendido en el suelo del baño tras caer de bruces entre un cubo de basura y el inodoro, nos conmueve profundamente. Parecía vulnerable. Todos sabíamos que iba a tener una resaca tremenda. Me empezó a doler la cabeza y el estómago se me revolvió en solidaridad. Fue un buen recordatorio de que solo me siento así ahora cuando tengo gripe; ya no es algo habitual. Incluso alguien que nunca ha tenido resaca puede imaginar el dolor y sentir empatía. Pobrecito.

Hay cierta ligereza en el desenfreno del mapache al que he decidido llamar “Rompope”, dada una de sus bebidas favoritas. Había demasiada juerga. Simplemente se dejó llevar y festejó hasta caer rendido. Fue una auténtica barra libre para él. No bebía para escapar del dolor ni del sufrimiento. No contaba sus bebidas ni ponía reglas para su consumo. Rompope no se tomaba bebidas a escondidas. Sí, bebía solo, pero lo voy a dejar pasar. Una vez que se le pasó la borrachera, pudo escabullirse y seguir su camino alegremente.

Rompope parece encarnar la necesidad de abrazar el presente y vivir el ahora.

Nos encanta porque puede beber sin consecuencias. Si es joven, no se verá obligado a ver especiales extraescolares sobre los peligros del alcohol ni a asistir a clases de educación sobre el alcohol. No será considerado un “niño problemático”. Rompope no avergüenza a su familia. No vive bajo la amenaza de consecuencias nefastas: perder a su pareja, su familia, su trabajo y su posición. No tira sus botellas y latas fuera de casa ni en el ruido delator del contenedor de reciclaje. Este mapache bebía sin vergüenza.

Muchos humanos desearíamos poder hacer lo mismo que Rompope y no sufrir consecuencias negativas por beber. Sin embargo, nuestro consumo siempre conlleva todos estos riesgos y más. Algunos conduciremos ebrios. Otros tomaremos decisiones imprudentes porque el alcohol es un desinhibidor; haremos cosas que normalmente no haríamos (o eso nos decimos). Una decisión puede destruir la vida de otra persona o la nuestra. Podemos empezar a perder el respeto de los demás. También podemos empezar a perder el respeto por nosotros mismos.

Los humanos podemos comprender muchas de las consecuencias negativas del consumo de alcohol. Las consecuencias negativas, reales o potenciales, pueden ser un factor disuasorio para algunos. Podemos imaginar muchas de ellas y aun así sorprendernos por las que parecen inesperadas. También entendemos que debemos asumir la responsabilidad de esas consecuencias, incluso si son completamente involuntarias. El alegre mapache no comprende ni soporta el peso de las consecuencias y las responsabilidades. A la mayoría de los humanos les gustaría tener un espacio libre en el tablero de la vida y ser como el ponche de huevo, aunque solo sea por una noche.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
Peg O'Connor Ph.D.

La Doctora Peg O'Connor, es profesora de filosofía y género, mujeres, y estudios de la sexualidad en Gustavus Adolphus College en St. Peter, Minnesota.

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